sábado, 29 de marzo de 2014

Carta de un maestro ( Primera parte )



Acabo de volver de mi viaje, cargada con mi maleta accedo al portal de mi edificio. Antonio, el cartero me saluda con una sonrisa, tras charlar unos minutos me hace entrega una carta, la observo, me llama la atención el hecho que la parte del remitente este en blanco, introduciéndola en mi bolso recojo mi maleta y subo las escaleras hasta el ático.

Por fin en casa, aparco la maleta en un rincón dirigiéndome a la cocina al tiempo que me despojo de la ropa que me cubre.

El baño a despojado mi cuerpo del cansancio acumulado, la sensual música me relaja, acompañada de una copa de vino me acomodo en mi sofá, leal amigo de mis noches de insomnio. Disfruto de cada sorbo de vino dejándome invadir por cada una de las notas que invaden mi salón, recordando las  palabras de nuestro último encuentro -  Con todo lo que callo, podría hacer un sendero, entre mis silencios y tus miedos.

Relleno mi copa tarareando una de las canciones, mis se dirigen de vuelta al sofá cuando recuerdo la carta, la recojo y vuelvo a acomodarme en mi sofá.  No estoy segura de abrirla y me dedico a disfrutar de la copa que acabo de servirme. Media hora después, abro el sobre, mi corazón se sobrecoge, reconozco las palabras.

Después de dos años de silencio, mi mentor vuelve haciéndome  sentir emociones descontroladas. Solo él sabe cómo arrebatarme en cada palabra.
Sabedor de su control sobre mí y las consecuencias de sus palabras en mi cuerpo, dibuja su presencia en mi sofá.

Cada una de sus primeras palabras,  excitan mis recuerdos,  dejándome llevar por ellos, dejo que sea mi mano  la que satisfaga su ausencia, recorro mis labios volviendo a saborear los suyos, mi cuello erizado se arquea sobre el cojín dejando paso a mi mano a través de él, a mi pecho.  

Sonrió al comprobar mis pezones erectos, su lengua dibujando círculos en ellos, en tiempos pasados, sus dientes  desatando mis gemidos, mi vientre contrayéndose al roce de sus manos, mi sexo húmedo esperando sus dedos juguetones,  su mirada al ser yo incapaz de mantener  mi mirada en él.




La copa ha caído sin acabar de ser tomada, dedico ambas manos a cubrir la ausencia de su cuerpo, mi mente decidida a disfrutar, acalla mi razón.
Mis dedos recrean con ansia las embestidas que me dedicaba,  desnuda y sudorosa,  siento el calor que se apodera de mí, haciendo que sufra uno de los orgasmos más intensos de los últimos dos años.


 Desfallecida  me acurruco en el sofá, exhausta  y temblorosa lloro por mi debilidad ante sus palabras, incrédula de lo sucedido acaricio mi sexo auto convenciéndome que ha sido un sueño, la humedad que desprendo me convence de lo contrario volviendo a reanudar mi juego en solitario….. 




Enmanuelle L 

sábado, 22 de marzo de 2014

Un argentino en el ascensor


Las doce menos cuarto de la noche, la puerta del recinto hospitalario cerrara a las doce en punto.

Tras dejar a mi padre acomodado,  decido bajar a fumar el último pitillo del día, con ropa cómoda y mis zapatillas, bajo los escalones de las dos plantas. A mi alrededor todo en  silencio, las auxiliares han terminado su turno, el vigilante me mira con cara de asombro,  con una sonrisa le doy las buenas noches.

Las puertas se abren al notar mi presencia, el gran jardín de la entrada me recibe adormilado,  acaba de entrar la primavera y el ambiente  aun es algo frió. A ambos lados del jardín, dos farolas alumbran la entrada del recinto.  He olvidado mi reloj en la  habitación, no sabré que hora es y eso me incomoda.

Un chico me observa, decido preguntarle la hora, dándomela amablemente. Su acento le delata, es extranjero. Unos pasos más y enciendo mi pitillo. Un grupo de personas discuten frente a mí, me detengo observando lo agitada de su conversación y el tema requerido. Dos de los chicos me miran e intento disimular sin conseguirlo.

Me siento incomoda, miro al chico solitario, me da más confianza y poco a poco me acerco a él. 

Los dos entablamos conversación instintivamente,  pasamos  los minutos entre risas y confesiones.

El grupo de personas se acerca a nosotros, sonreímos a su paso, tras ellos, un grupo de sanitarios le siguen a su paso al centro sanitario. Es hora de entrar, antes de que las puertas se cierres hasta la mañana siguiente.

Me acompaña al ascensor, su acento argentino, sus grandes ojos y su sonrisa, aceleran mi respiración. El silencio es ensordecedor, ambos acedemos al pequeño habitáculo, su proximidad recorre mi cuerpo.  Mi planta la segunda, la de él la sexta, el ascensor juega a su antojo, descendemos al subsuelo, su mirada acompañada de una sonrisa varonil, hace que dude de mi misma.

Acercándose a mí vuelve a presionar  la planta número dos, su respiración es más cercana.

La puerta del ascensor se abre al fin liberándome del galante desconocido. Mi padre duerme  plácidamente, me acomodo en un incómodo sillón preparándome para que las horas pasen lo antes posible.

Las tres de la mañana, desesperada al no poder dormir, decido bajar a respirar un poco de aire nuevo y fumar un pitillo. La única salida aceptable es por urgencias y hacia allí me dirijo, veinte minutos después encuentro la salida, tantos pasillos enrevesados casi me desesperan.

Observo la gran ciudad en la oscuridad de la noche, quince minutos después me doy cuenta  que he perdido mi encendedor, una voz familiar me ofrece encender mi cigarrillo, acepto encantada, me trasmite tranquilidad y la acepto.

Decidimos volver a nuestras habitaciones, la noche refresca y mi piel se eriza ¿es el frio o es su cercanía?

Acedemos por la entrada de urgencias, intentamos descifrar el laberinto de pasillos hasta llegar al ascensor, una de las puertas que se interponen a nuestro paso se dirige directamente donde los cuerpos sin vida descansan. Mi impresión es muy fuerte, mi reacción es acabar en sus brazos. Sus fuertes brazos me dan cobijo, su sonrisa  me devuelve a la realidad junto a sus palabras. 

Avergonzada separo mi cuerpo del suyo.

Continuamos andando por los pasillos con paso más relajado,  su mano coge la mía excusándose en mi reacción. Por fin el ascensor, entramos en el, presiono el acceso a mi planta, él, hace lo propio.
Acercándose a mí me pregunta si ya me encuentro más cómoda, mis ojos observan sus labios, se acerca más, apoyándose en la pared del ascensor, presiona mi cuerpo contra el suyo.  Sus labios acarician mi frente, el temblor que me recorre es evidente e intento evadir su cercanía.



Tranquila- sus labios susurran  antes de acallar algún intento de replica, su fogosidad me excita sin pretenderlo, su mano comienza a subir por mi pierna acariciándome con delicadeza y deseo a la vez.  Sonríe al notar mis pechos erectos rozar su cuerpo, ha conseguido que siga su juego, un juego que en este momento deseo.

Sin pensarlo para el ascensor en la entrada del hospital, los besos y caricias suben de intensidad, sus manos se deslizan dejando mis pechos a su merced, los besa y muerde con ansiedad desatando en mí, mi deseo más incontrolado.

Los sillones de la entrada nos acogen, apoyándome en uno de ellos, accede bajo mi pantalón, mi humedad le hace sonreír, aplaca el gemido que me provoca con su boca. Deseo disfrutar y curvo mi cuerpo ofreciéndome a él.   Sin más,  la acometida de su pene me invade, el ritmo acrecienta por momentos, mi cuerpo es una explosión de sensaciones placenteras.

Siento sus dientes sobre mi cuello, sus manos apretando mis nalgas contra él, su grueso pene se apodera de mi voluntad. Con un ligero movimiento, ahora soy yo la que sobre él,  busca mi placer, sus manos pellizcan mis pezones endurecidos mordiéndolos después.

 ¿Siento dolor? ¿Placer?  Mi respiración acelerada, provoca que él agilice mis movimientos, cierro mis ojos disfrutando del enorme calor que recorre mi cuerpo, dejo caer mis manos sobre su pecho arañando su piel, exige que lo mire desatando en ambos el tan esperado orgasmo.

Las diez de la mañana, tras recoger mis cosas salgo por la puerta del centro hospitalario, el guardia de seguridad me despide con una pícara sonrisa.




 Enmanuell L 

miércoles, 5 de marzo de 2014

Noche de carnaval



Comienzo de carnaval, el jefe se ha portado, un largo puente para disfrutarlo, con mi billete en mano, subo las escalerillas del avión. Este  año por fin descubriré porque son tan importantes estas fiestas para reconocerlas como interés nacional.


No he dicho mi paradero de los próximos días, me voy a dedicar a disfrutar. Dejo atrás por unos días, trabajo, estrés, rutina.. todo lo que no consigo apartar estando cerca de todo ello.


La ciudad a la que me dirijo es extremadamente agradable, la gente sonríe, el hotel me regala unas vistas increíbles a la playa. Tras dejar la maleta, me dirijo en busca de un traje que ponerme, para disfrutar la noche. En una de las tiendas, cerca del ayuntamiento, uno de los disfraces llama mi atención,   el  contraste entre el color rojo y negro fuego me atrae, expresa todo lo que ahora quiero ser.


Al salir, me relajo sentada en una terraza donde un camarero me atiende amablemente, me indica el horario y la mejor zona para disfrutar estas fiestas.

De nuevo en el hotel, sentada en el cómodo sillón, miro mi disfraz, ¿Me atreveré? Me rio como hacía tiempo, disfruto cada uno de los momentos a la hora de vestirme. Decido ponerme la ropa interior negra, frente al espejo, recojo mi pelo en una cola salvaje, el rímen impregna mis pestañas, el color rojo de mis labios, a juego con mi disfraz.

Las medias se deslizan por mis piernas dejándolas justo a la altura de los ligeros. La falda es muy, muy corta, sonrió al verme reflejada,  el corpiño y la falda son de color rojo, botas de tacón  y antifaz negro

Ya disfrazada, me dirijo al bar del hotel,  el ambiente es animado, la gente hablan entre ellos, al llegar yo, me acogen saludándome.

El alboroto de las personas  hace que pase horas bailando,  mi garganta seca me hace buscar algo que tomar, me encuentro frente a un local donde el sonido de la música, llama mi atención. Es música en directo y está a rebosar, me abro paso como puedo consiguiendo llegar a la barra.

La cerveza apaga mi sed, sobre el escenario un grupo local deleita a unos fans entregados,  observo bajo mi antifaz como disfrutan, en mí recorrido un chico llama mi atención, sus grandes  ojos azules, la falta de disfraz  y su sonrisa revolucionan aún más el calor que siento.

Me adentro cerca del escenario, balanceo mi cuerpo al ritmo de la música. Cierro mis ojos sintiéndome bien por la decisión que tome al venir sola y disfrutar de estas fiestas.

El cuerpo de una persona se acopla al mío, giro mi cabeza, sin deseos de despegarme al ver que es el chico de los ojos azules.  El movimiento de nuestros cuerpos es un vaivén de contoneos  controlados, noto su excitación pegada a mí, me apetece jugar, dejo que mi cuerpo saboree el suyo al ritmo de la música,  me deslizo por el suavemente excitándome ante su mirada, no sonríe, solo disfruta. Sus manos acarician mi disfraz, en un momento dado, son sus manos los que acarician mi cuerpo bajo  mi falda.

Mi mano se desliza por su cuerpo, su erección es notable, mi deseo se acelera, su sonrisa me atrapa, me hace sentir segura. Intenta quitar mi antifaz, se lo impido con una sonrisa.

Termina la canción, mi excitación es tan evidente que el extremo de mis pechos roza el disfraz erecto y deseoso de esa sonrisa cautivadora.

Al acabar la canción, mi mente me hace reaccionar, sonrió a mi pareja de baile dejándolo solo  y saliendo precipitadamente del local.

Sus ojos me observan en cada paso que doy, disfruto esa sensación, acabo en una calle que desemboca en un parking,  estoy perdida en esta gran ciudad con el deseo por un hombre que acabo de conocer.

Apoyándome en el capo de uno de lo coches, mis dedos intentan reprimir el deseo que me ha producido, mis gemidos acrecientan por momentos. Unos dedos recorren mi mano, abro los ojos, el color azul de sus ojos hacen que cierre los míos al besarme. Su mano dirige la mía, llevándome a su coche.

El cierre centralizado abre el seguro de las puertas, me invita a entrar, le concedo el deseo.
Su hilo de voz   me ordena disfrutar mi excitación, desde la puerta él, observa como dejo que mi cuerpo se estremezca ante mis dedos. Su mirada es ardiente observándome.

Se acerca a mí, pellizca  mis pechos, sus dedos juegan  en mi boca, abre mis piernas dejando mi tanga húmedo ofrecido a él, se acerca  a mí bebiendo mi jugo, su lengua acaricia mi clítoris incansablemente, mis gemidos son ahogados por la música que continua en la calle.


Sus manos expertas juegan con mi cuerpo, la excitación me hace desear complacerlo saboreando su cuerpo, su mandíbula apretada me satisface, el placer que le hago sentir me excita aún más.

El capo de su coche es el apoyo de mi cuerpo, sin contemplaciones me penetra una y otra vez desatando en mi un placer extremo.  

Entro en mi habitación, mi cara refleja cansancio y satisfacción, la cama me acoge, el sol está saliendo, cierro los ojos tras una noche de carnaval.




martes, 25 de febrero de 2014

Un sueño hecho realidad ( octava parte )




No me atrevo  a moverme, sus palabras continúan golpeando una y otra vez en mi cabeza.
-         

        ¿Lo has pasado bien en el balcón?

Siento su mano jugar sobre mi vestido, las demás personas continúan escuchando el discurso , nadie percibe mi semblante sonrojado.

Acercándose aún más a mí, su experta mano se desliza bajo mi vestido rojo, despojándome del pequeño tanga que cubre mi sexo.
-         
      A lo largo de la noche,  sabrás cuál es el resto de tu castigo- la excitación me estremece.

La excitación e indignación que siento se debaten dentro de mí. Estoy rodeada de  personas influyentes, sin ropa interior.

Levanto la mirada, se aleja de mi acompañado de una chica muy atractiva, su mano se desliza por la cintura de la joven, él, sabiéndose observado, me mira y sonríe.

¿Celos? ¿Son celos o simplemente no comparto su juego?

El discurso ha acabado, los aplausos de los asistentes me devuelven a la realidad. Pedro me invita a compartir una copa, en uno de los elegantes divanes distribuidos estratégicamente por el gran salón. 

Acepto encantada decidiéndome por uno en concreto, en el, seré visible para mi galán.






El Cosmopolitan sacia mi sed con enorme placer, mi mirada se cruza con la suya, él bebe cava, consigue ruborizarme cuando su mano se dirige al bolsillo de su chaqueta, su pícara sonrisa me hace saber, donde se encuentra su tesoro, consiguiendo toda mi atención.

Pedro continua hablándome, creo que se ha dado cuenta  que no le presto mucha atención, busco a Ana con la mirada, ella también desea irse a casa, acercándome a mi acompañante le susurro que me acompañe a la salida, con toda la intención al ver que desde lejos me vigila, rozo con mi mano la rodilla de Pedro, la sonrisa de mi galán desaparece desaprobando mi actuación. 

Su mirada penetrante me sigue hasta la salida.

Me despido con mi acompañante amablemente prometiéndonos mutuamente volver a quedar, alguna vez, Ana se impacienta.

En el camino de vuelta a casa Ana habla y habla pufffff, intento prestarle atención, mi mente se niega.

Es de madrugada, abro la ventanilla del coche dejando que la brisa del mar alivie el calor que me invade.  Decido ir caminando a casa pidiéndole a Ana que pare, tras mucho rogarle para convencerla que lo necesito, cede a mi petición. Solo son unos metros  y me vendrá bien pensar en todo lo ocurrido.

Camino por el paseo observando las palmeras, parejas escondidas disfrutando de un amor imposible o simple deseo. No se percatan de mí, yo continúo mi paseo, un coche pasa a toda velocidad, el frenado del coche es inmediato.

Paralizada veo como la puerta del coche se abre, de el, con su traje impecable, baja mi galán, se dirige a mí con pasos largos y seguros. Me alejo de él sin mirar atrás, el tacón de mis zapatos impide que mi retirada sea rápida y me desprendo de ellos, su voz, con tono firme me llama, insiste que me detenga. Estoy demasiado ofuscada con él por despojarme de mi ropa interior y no le hago caso.

Su mano detiene mis pasos, no dice nada, su mirada enfurecida habla por él.  Me guía hasta un pequeño rompeolas, me apoya en las rocas devorando mi boca con deseo.

Mi excitación reacciona sin poder controlar mi cuerpo humedeciéndome, su rodilla entre mis piernas, se abre camino sin yo percibirlo, sus ágiles manos desabrochan los primeros botones de mi vestido dejando mis pechos descubiertos, erectos y excitados se rinden ante la destreza de su lengua.

Mis piernas tiemblan, mis gemidos comienzan a ser continuos, su boca no siente piedad de mí, es implacable, experta y lasciva sometiendo  mi cuerpo a su voluntad.

 Su mano sube por mi rodilla con firmeza, mi vestido se despedaza en sus manos, sus dedos acarician mí el centro de mi deseo con suavidad, círculos medidos en intensidad y ritmo sacuden mi clítoris haciéndome enloquecer, deseo besarle, acariciarlo, devolverle tanto placer, con su mano atrapa mis manos prohibiéndome tocarle.

Su mirada disfruta su poder sobre mí, no puedo ni quiero defenderme, él sabe cómo hacerme llegar al cielo sobre la arena de una playa.





Enmanuell L 

domingo, 23 de febrero de 2014

Un sueño hecho realidad ( séptima parte)


Catorce horas después, despierto en mi cama, abro los ojos  al tiempo que desperezo mi cuerpo. A mi lado no hay nadie ¿cómo he llegado a casa?

Mi cuerpo dolorido, a la vez que tremendamente satisfecho, se dirige al aseo. Mi aspecto es terrible, las horas pasadas junto a él han sido muy intensas, el espejo me dedica una sonrisa, tarareando una canción dejo que el agua rellene la bañera, dedicándome un tiempo indefinido a relajarme.

Tras cubrirme con mi conjunto negro de lencería, me acerco al balcón, hace días que no lo disfruto. La ciudad se ilumina, al fondo,  la gran catedral me saluda.

Deje mi móvil en casa al salir, decido revisarlo y ver si tengo algún mensaje. Más de veinte, entre ellos el de Ana, una compañera de trabajo, olvide por completo el interés que ella tenía por ver una exposición. La llamo sin dilatación, su voz no es muy amigable, a estas horas ya pensaba que acudiría sola, intento ocultar mi paradero de la noche anterior, me resulta imposible, mi cuerpo se estremece haciendo temblar mi voz, todos los momentos vividos se agolpan en mi mente.

En una hora quedamos en el portal de mi edificio, pasara a recogerme.

Cierro mi puerta asegurándome que él, no está cerca, el ascensor tarda en llegar, mi corazón se acelera, no podría ir a la exposición si se cruza en mi camino. El ascensor abre sus puertas, está impregnado de su aroma.

Ana me espera con impaciencia y yo corro a su coche, tan curiosa como siempre, me pregunta una y otra vez por la pasada noche. Esquivo  como puedo cada una de ellas consiguiendo centrar su atención en el chico que le gusta.

La exposición es muy importante y la gente influyente, no debería de haber escogido esta blusa, es un poco escotada y realmente no he pensado que sería tan concurrida.
Improvisare deslizando mi fular por mis hombros, queda coqueto.

Ana entrega las invitaciones, accedemos al gran salón de uno de las más  importantes salas.
Impresionada observo cada una de las obras, uno de los amigos de Ana nos explica los motivos que llevaron al autor a realizarlas. Con un pequeño gesto, mi amiga, me invita a dejarles solos, cosa que gustosamente hago, estoy sedienta.

El camarero ofrece unos maravillosos cosmopolitan, me dirijo hacia él cuando una palabra llama mi atención:

. ¿Gustas?


Sus grandes ojos azules podrían hacer que me perdiera en ellos, su gran sonrisa es radiante, me acerca uno de los cosmopolitan y accedo a tomarlo con él. Entre las obras de la exposición me cuenta en tono cordial su vuelta a esta ciudad, el tiempo que estuvo fuera y el motivo por el que decidió marchar.  Su relación estaba pasando un bache pasajero y ambos habían decidido darse un tiempo.

Me cede el paso a la altura de uno de los balcones, la noche en todo su esplendor nos cubre, la conversación con él es muy  fluida. Mi mirada se queda fija en el edificio donde vivo, la luz de una de las ventanas está encendida, seguro que mi galán  espera mi vuelta.

Un escalofrió me recorre, decidimos volver a entrar en el gran salón, el autor de las obras nos dedicara un pequeño discurso. Todos los invitados, acudimos al centro del salón.

El roce de un cuerpo cada vez es más cercano, me siento incomoda, me adelanto un poco, la presión es más patente, miro a mi derecha, Ana y su amigo me saludan, a mi izquierda, el chico que acabo de conocer, me sonríe.
  
Intento girarme sin conseguirlo, sobre mi cuello, la respiración segura de quien me roza, me susurra:

. -  ¿Lo has pasado bien en el balcón? Pensare cual será mi próxima jugada.


Mi respiración se entrecorta, mi galán me domina.






viernes, 21 de febrero de 2014

Cada cual, busca a su manera, la felicidad.



Cada cual, busca a su manera, la felicidad.

Para mí, este momento, es de felicidad. El día esta nublado, la brisa del mar no es cálida, el mes no lo permite.

El sonido de las olas, es el único  que tiene la valentía, de romper la calma que existe en esta pequeña cala.

He traído una pequeña silla, que me sirve de mesa para mi cuaderno, yo, prefiero fundirme con la arena.

El sol se refleja en el agua con tal intensidad que parece infinito, todo lo que veo me trasmite tranquilidad.

Cerrar los ojos, dejar que los sentidos liberen la tensa calma que está casi por estallar ¿ lo podéis imaginar?

Imaginemos una historia en este mismo lugar: una chica buscando un punto de fuerza para poder cambiar su situación actual, la pequeña cala la acoge, de pura casualidad, el destino es caprichoso y le da armas con las que  volar, unas alas prestadas, que le dieron libertad. Lo rutinario se vuelve  cada día en una historia nueva que disfrutar.

Pasado un tiempo, todo cambia sin poderlo evitar, la realidad se vuelve más cruda cuando todo se comienza a marchitar. En su pecho un hondo malestar, pensó en cosas que eras fantasías, queriendo convertirlas en realidad.

Que mala compañera la soledad, incluso rodeada de gente, de compañera la soledad.

La playa esta vacía, una pareja con su niño pasean hasta llegar a un pequeño chiringuito.

Si prestas atención,  el mar te habla, las olas repiten una y otra vez lo que no quieres escuchar, en mi caso, las lágrimas quieren unirse al mar.

¿Porque siempre me rió cuando  lo que quiero es  llorar?

Lo que hacemos en la vida se deriva de lo que vivimos, lo que nos hacen, es lo que intentamos cambiar, para dejar un camino más sereno a quien nos siguen detrás.

Influyen las personas que te aman, las que te apoyan y aconsejan, las personas que te dañan solo porque uno se deja avasallar.

Influye tu carácter, tu fuerza, la gente que vas conociendo y de la que aprendes agradeciéndoles su paso.

Influye el interior de uno mismo, estar en paz, admiro a quien puede cerrar páginas dejando palabras a medio contestar.

A medida que escribo el sonido de las olas no brama igual.

No hay motivos para buscar un culpable, cada vivencia tiene su tiempo y lugar.

Me duele pensar en las personas que he podido defraudar y tantas veces han estado junto a mí  en este mismo lugar. Me duele no ser un reflejo en el que no poderse reflejar, fallarles a ellos es como morir sin intentarse suicidar.



El tiempo ha pasado, el brillo del sol se ha deslizado de lugar, nubes de algodón comienzan a llegar.

Donde  antes hubo brillo, ahora empieza la oscuridad.


Las olas me despiden, ya es la hora de marchar

lunes, 17 de febrero de 2014

PREMIO EXCELENCIA





Una gran escritora y amiga, María del Socorro,  me ha nominado con el PREMIO EXCELENCIA, habiendo sido nominada por la calidez de sus palabras, en mariedemex.blogspot.com.

Es un premio  otorgado por un importante blog llamado Querida Kitty.

Me ha cambiado el día aportándome alegría.

Con la mayoría de mis nominados he compartido relatos, cruzado  palabras y pensamientos en muchas partes de este mundo.

Seguir  los pasos es fácil,  sé que me dejara fantásticos blogs que leo y pido disculpas.

1)      Incluir foto del premio
2)      Mencionar el blog que se lo otorga
3)      Entregar el premio a 15 blogs

Estos son mis nominados





Gracias por estar siempre cerca Maria del Socorro, mil besos.