jueves, 8 de marzo de 2018

Mi miedo, mi deseo.. tú.


Es inevitable, sus palabras afloran mis más íntimos deseos.

-Me encuentro de viaje ¿te apetece cenar esta noche?

Durante unos segundos no sé qué contestarle, me apetece mucho verlo, tengo compromisos y deberé conducir un largo trayecto.

Cierro mis ojos, recordando nuestro último encuentro, mi piel se eriza en cada decisión.

Organizo los asuntos prioritarios y, sin más dilación, emprendo el viaje.

Sé que el viaje será largo, pero al final, estarás tú.

Sintonizo mi canal de música predilecto y me dispongo, decidida, a su encuentro.

Durante el trayecto, la inquietud de un lugar desconocido, me hace dudar, por un momento sonrió, el 

Gps me ayudara a llegar, mi gozo en un pozo, no he actualizado el dispositivo.

Kilómetros y kilómetros en la travesía más oscura que creo recordar,  mi mente se alienta recordando 
sus besos, su sonrisa y su forma de amar.

En el horizonte, las luces brillan sobre el mar, estoy llegando a puerto, cada vez me acerco más.

El tráfico en hora punta casi no me deja avanzar, estoy en una ciudad que no he visitado nunca y no sé por dónde continuar.

Me decido a llamarlo, su tono de voz tan característico me relaja, respiro hondo en pocos minutos lo podre abrazar y besar.

Es fácil, solo debo ir al puerto, unas cuantas calles más y allí estará.

Subo el volumen, marcha atrás, tres carriles, mucho tráfico, mi deseo supera el miedo y comienzo a rodar.

Por el momento voy bien, creo que voy a llegar, los nervios me traicionan al ver que la calle escogida tiene un final.

Lo vuelvo a llamar, entre risas le explico que me he perdido ¡no sé dónde estás jajaja!

Decido parar en una parada de taxis, compruebo de nuevo el GPS, continua sin funcionar. En este momento no sé si continuar o volver sobre mis pasos y regresar.

Su llamada me hace desistir, me apetece verlo de nuevo y a estas horas cenar.

Un taxista generoso me guía, la primera redonda a la izquierda, en la segunda la tercera salida, continuas recto, en la tercera redonda la primera y en nada de tiempo estas.

Comienzo a seguir sus instrucciones, parece que no lo estoy haciendo mal, cada minuto que pasa mis deseos de verlo se incrementan y de tanto pensar creo que me he equivocado y algo he hecho mal.

Frente a mí la entrada al puerto, “Prohibido el  paso” me da por reir, dos patrullas de la guardia civil me cierran el paso, ni puedo continuar ni puedo dar marcha atrás.

Me decido por la segunda, ya estoy en el puerto y me queda poco para llegar.

Diez minutos más tarde le comunico que acabo de llegar al parking, enciendo un cigarrillo, respiro, me dirijo a la máquina expendedora recogiendo mi ticket y comienzo a subir los pocos escalones que me separan del paseo marítimo.

Es impresionante el paisaje que me recibe, el mar en calma, veleros descansando frente a mí, la luna dibuja su silueta, tanta belleza me deslumbra dedicándome unos minutos reteniendo en mi pupila y en mi mente, la paz que siento.