jueves, 31 de mayo de 2018

El sueño de Joel


Ella, como cada tarde, acudía  sin cita, a disfrutar de una cerveza bien fría en está época.

Cada día ocupaba el mismo lugar, desde su mundo aislado, disfrutaba de sus idas y venidas atendiendo la clientela.

Su presencia seria y pausada llamaba su atención.

Su mirada ausente hacía que su imaginación volara.

Imaginaba sus pensamientos aislados.

Sus sueños frustrados en un trabajo que no le completaba.

En cada una de sus comandas, interpretaba un papel diferente.

Un refugio que le permitía sobrevivir hasta el momento en el que su sueño se cumpliera.

Enmanuell L 1 de Junio de 2018

viernes, 4 de mayo de 2018

El salvador de mi día



La semana  estaba siendo muy estresante, me había visto obligada a realizar actos que llevaba mucho tiempo aplazando.

Me despedí del sargento sin muchas  ilusiones de que algo se solucionará, de vuelta a casa decidí escuchar música en mi emisora preferida, la melodía que sonaba hizo que sus palabras calaran en mí;

Levantarme de la cama y empezar,
No liarme, ni tirarme en el sofá,
Apuntarme en el recuerdo
No olvidarme de olvidar
No olvidarme que tengo que olvidar…..


Esas palabras no dejaban de rondar mi cabeza. Legue a casa, solitaria y silenciosa, me dirigí directa a la ducha, dejando que el agua caliente recorriera mi cuerpo, como si con cada gota de agua, mis problemas desaparecieran por el sumidero.

Realice el mismo ritual, la esponja natural que me regalo un amigo hizo que volviera a mi mente nuestro último encuentro, deje que el gel se fundiera con ella y por un momento, conseguí dejar mi mente en blanco.

                
                                


El tacto del aceite sobre mi cuerpo era un suplicio, imaginaba sus manos recorriéndome, erizando mi piel.

Volví a la realidad, no era un día para soñar.

Un ligero picardías rojo es la única prenda que cubre mi cuerpo, seco mi pelo frente al espejo, el recuerdo de sus besos en mi cuello,  comenzaron  a sumergirme  de nuevo en la misma persona.

Apago el secador de pelo, me apetece un poco de silencio acompañada con una copa de vino, me dirijo hacia el sofá, me derrumbo sobre él.
Mis dedos recorren el borde de la copa sin dejar de pensar en aquel hombre que no deja de visitar mi mente.

-Hoy sería un buen día para servirte una copa de vino-  sin dudarlo la invitación estaba lanzada.

-Me encantaría una copa de vino- su respuesta hizo que sonriera, el juego acababa de empezar.

-Con una condición, nada de hablar, solo disfrutar-  sin dudarlo,  acepto.

Una hora más tarde las luces de su coche me avisaron de su llegada,  descorcho la botella de un buen vino tinto.

El sonido del licor de uva al caer en la copa, hace muy dulce la espera.

Espero su llegada apoyada en el marco de la puerta de entrada, sus pasos son firmes y decididos hasta llegar a mí.

Su mano recorre mi cintura con seguridad, sus labios ahogan mi saludo, está decidido a cumplir mi petición.

El largo pasillo desaparece ante nuestra desesperación, la copa de vino quedo sobre la mesa de la entrada.

El sofá es el encargado de frenar nuestros pasos, sus labios no se separan  de los míos, sus manos recorren mi cuerpo con ansiedad, mis manos siguen el juego sobre su piel, su cuello, disfrutan el tacto de un hombre tan varonil.

Su mirada desafiante controla mis actos, está dispuesto a cumplir su palabra y hacer que me olvide de todo.

Sin esperarlo, sus grandes manos giran mi cuerpo, frente a mi, el gran ventanal, tras de mí, un hombre imperioso,  dispuesto a satisfacer el deseo de ambos……

Siento su mano rozar mi cuello.

-¿Estás preparada para disfrutar?

Cada una de sus palabras recorre mi cuerpo, que se ofrece a él con suma devoción.

El tacto de su pecho en mi espalda, su respiración agitada cerca de mi cuello, sus dedos rozando mis labios, me deleito impregnándome de cada segundo, ha conseguido hacerme olvidar el día, solo deseo disfrutar este momento.

Su virilidad entra en mí sin avisarme, un suspiro desgarrador balbucea entre mis labios, el placer es máximo, haciendo que mi cuerpo se derrita entre sus brazos. 


                                           



  No me deja caer, en este momento soy suya y lo sabe,  entre sus brazos comenzamos el vaivén de 
  un juego que nos fascina a ambos, sus dedos, dulcemente, se introducen en mi boca acallando mis      gemidos.

 Gotas de sudor recorren mi espalda,  mi cabeza apoyada en su cuello, le facilita encontrar mis   labios…
-     
           --Regálame  tu placer, quiero que solo pienses en mí.  
   
        Muerde mis labios acelerando el ritmo de su cuerpo, ansioso, absorbe cada uno de mis gemidos          haciéndome enloquecer.

Tras varios orgasmos continuados, mi cuerpo comienza a desfallecer, su ímpetu me agota.

Me sostiene entre sus brazos frente al ventanal, el cristal refleja su sonrisa, el brillo de sus ojos,  dos cuerpos desnudos regados del sudor de ambos, la fascinante sospecha al pensar que algún desconocido haya presenciado   nuestro encuentro.

-Descansa princesa, aún no hemos acabado.

                                              Enmanuell L 4 de Mayo de 2018

jueves, 8 de marzo de 2018

Mi miedo, mi deseo.. tú.


Es inevitable, sus palabras afloran mis más íntimos deseos.

-Me encuentro de viaje ¿te apetece cenar esta noche?

Durante unos segundos no sé qué contestarle, me apetece mucho verlo, tengo compromisos y deberé conducir un largo trayecto.

Cierro mis ojos, recordando nuestro último encuentro, mi piel se eriza en cada decisión.

Organizo los asuntos prioritarios y, sin más dilación, emprendo el viaje.

Sé que el viaje será largo, pero al final, estarás tú.

Sintonizo mi canal de música predilecto y me dispongo, decidida, a su encuentro.

Durante el trayecto, la inquietud de un lugar desconocido, me hace dudar, por un momento sonrió, el 

Gps me ayudara a llegar, mi gozo en un pozo, no he actualizado el dispositivo.

Kilómetros y kilómetros en la travesía más oscura que creo recordar,  mi mente se alienta recordando 
sus besos, su sonrisa y su forma de amar.

En el horizonte, las luces brillan sobre el mar, estoy llegando a puerto, cada vez me acerco más.

El tráfico en hora punta casi no me deja avanzar, estoy en una ciudad que no he visitado nunca y no sé por dónde continuar.

Me decido a llamarlo, su tono de voz tan característico me relaja, respiro hondo en pocos minutos lo podre abrazar y besar.

Es fácil, solo debo ir al puerto, unas cuantas calles más y allí estará.

Subo el volumen, marcha atrás, tres carriles, mucho tráfico, mi deseo supera el miedo y comienzo a rodar.

Por el momento voy bien, creo que voy a llegar, los nervios me traicionan al ver que la calle escogida tiene un final.

Lo vuelvo a llamar, entre risas le explico que me he perdido ¡no sé dónde estás jajaja!

Decido parar en una parada de taxis, compruebo de nuevo el GPS, continua sin funcionar. En este momento no sé si continuar o volver sobre mis pasos y regresar.

Su llamada me hace desistir, me apetece verlo de nuevo y a estas horas cenar.

Un taxista generoso me guía, la primera redonda a la izquierda, en la segunda la tercera salida, continuas recto, en la tercera redonda la primera y en nada de tiempo estas.

Comienzo a seguir sus instrucciones, parece que no lo estoy haciendo mal, cada minuto que pasa mis deseos de verlo se incrementan y de tanto pensar creo que me he equivocado y algo he hecho mal.

Frente a mí la entrada al puerto, “Prohibido el  paso” me da por reir, dos patrullas de la guardia civil me cierran el paso, ni puedo continuar ni puedo dar marcha atrás.

Me decido por la segunda, ya estoy en el puerto y me queda poco para llegar.

Diez minutos más tarde le comunico que acabo de llegar al parking, enciendo un cigarrillo, respiro, me dirijo a la máquina expendedora recogiendo mi ticket y comienzo a subir los pocos escalones que me separan del paseo marítimo.

Es impresionante el paisaje que me recibe, el mar en calma, veleros descansando frente a mí, la luna dibuja su silueta, tanta belleza me deslumbra dedicándome unos minutos reteniendo en mi pupila y en mi mente, la paz que siento.


                               



jueves, 11 de enero de 2018

La pasión marca la reunión


Te miro, en silencio, deseando retener cada gesto y movimiento de tu cuerpo en esta reunión.

Tu mirada ardiente me recorre , tu mano se desliza por mi cintura, temeroso de mi reacción, buscas con  mimo mi piel bajo mi blusa, tu boca tan cerca de la mía, recoge el suspiro que  provocas al acariciarme.

Tus labios,  carnosos, buscan mi boca moldeando mi deseo.

Tus manos, temblorosas,  juegan con el botón de mi vaquero.

Tiemblo bajo tus manos, contorsionando mi cuerpo a tu voluntad.

En este momento, solo me dejo llevar ante tu mirada dominante, deseosa de recibir todo el placer que estás dispuesto a dar.

Por un momento desapareces de mi lado, abro mis ojos temblorosos buscándote en la oscuridad:
-        

                     Tranquila princesa, acabamos de empezar.

Tu cuerpo cae sobre mi cuerpo, casi no me deja respirar, tu boca ansiosa evita que pueda hablar, tus caricias en  mi pecho me hacen temblar, poco a poco tus manos desnudan mi cuerpo, dejando paso a tu boca,  que me besa sin cesar.

Cada uno de mis pechos recibe tus besos lascivos, caricias prohibidas, que me animan a pecar.

Quiero seguir tu juego, lo deseo, envueltos en la oscuridad, tentando las miradas indiscretas, de los coches que no dejan de pasar.

El frió se vuelve pasión,  tus dedos buscan el centro de mi placer con devoción, sucumbo a los movimientos de tus dedos, tan pausados, certeros, entregados al placer que nos invade a los dos.

Tú respiración se acelera por momentos, mis gemidos hacen efecto bajo tu pantalón.

Dejo que mi mano acaricie tu pasión, ahora eres tú quien me regala sus gemidos , quién se entrega a  mis manos, soy yo la que lleva el control.

Mis piernas rodean tu cintura, te necesito cerca, besarte y acariciarte, demostrarte con entrega que en este momento, soy tu mejor opción.

Conozco tus puntos débiles, rozo con mis labios cada centímetro de tu cuello, el lóbulo de tu oreja,  siento palpitar tu corazón,  nos unimos con desenfreno,……

Una llamada fuera de tiempo capta toda tu atención, no puedes evitarla, es importante en tu profesión.

La desilusión se palpa en tu cara manteniendo una discusión, te sonrió, quiero ser mala y estas en la mejor posición.

Acaricio tu rodilla, subiendo con mimo por tu pantalón, tus ojos temen mi reacción,  sabes cuál es mi propósito y yo me derrito por saber si aguantaras la tensión.

Tiemblas en mis manos, beso tu cintura, se corta tu respiración, intentas mantener la conversación, me provocas….. Ahora decido yo.

Mi lengua serpentea por tu ombligo, te miro con la más perversa intención,  mi mano no cesa de acariciarte, intentas detenerme, tus suspiros ahogados me dan la razón, disfrutas cada segundo que te dedico ofreciéndome tu cuerpo sin reparación.

Tu piel se eriza, tu mano sobre mi cabeza ejerce más presión, tu cuerpo se tensa bajo mis labios, por un instante no puedes continuar la conversación, te derrites en mis manos, se desborda tu pasión.

Mis ojos captan cada expresión, disfruto sabiéndome la vencedora en esta reunión.




Enmanuell 11 de Enero de 2018




jueves, 7 de septiembre de 2017

Sin pensar, tus manos me hacen olvidar.




La semana  estaba siendo muy estresante, me había visto obligada a realizar actos que llevaba mucho tiempo aplazando.
Me despedí del sargento sin muchas  ilusiones de que algo se solucionará, de vuelta a casa decidí escuchar música en mi emisora preferida, la melodía que sonaba hizo que sus palabras calaran en mí;

Levantarme de la cama y empezar,
No liarme, ni tirarme en el sofá,
Apuntarme en el recuerdo
No olvidarme de olvidar
No olvidarme que tengo que olvidar…..

Esas palabras no dejaban de rondar mi cabeza. Legue a casa, solitaria y silenciosa, me dirigí directa a la ducha, dejando que el agua caliente recorriera mi cuerpo, como si con cada gota de agua, mis problemas desaparecieran por el sumidero.

Realice el mismo ritual, la esponja natural que me regalo un amigo hizo que volviera a mi mente nuestro último encuentro, deje que el gel se fundiera con ella y por un momento, conseguí dejar mi mente en blanco.

El tacto del aceite sobre mi cuerpo era un suplicio, imaginaba sus manos recorriéndome, erizando mi piel.

Volví a la realidad, no era un día para soñar.

Un ligero picardías rojo es la única prenda que cubre m cuerpo, seco mi pelo frente al espejo, el recuerdo de sus besos en mi cuello,  comenzaron  a sumergirme  de nuevo en la misma persona.

Apague el secador de pelo, me apetecía un poco de silencio acompañada con una copa de vino, me dirigí hacia el sofá, me derrumbe sobre él.


Mis dedos recorrían el borde de la copa sin dejar de pensar en aquel hombre que no dejaba de visitar mi mente.

-Hoy sería un buen día para servirte una copa de vino-  sin dudarlo la invitación estaba lanzada.

-Me encantaría una copa de vino- su respuesta hizo que sonriera, el juego acababa de empezar.

-Con una condición, nada de hablar, solo disfrutar-  sin dudarlo,  acepto.

Una hora más tarde las luces de su coche me avisaron de su llegada,  descorcho la botella de un buen vino tinto.

El sonido del licor de uva al caer en la copa, hace muy dulce la espera.

Espero su llegada apoyada en el marco de la puerta de entrada, sus pasos son firmes y decididos hasta llegar a mí.

Su mano recorre mi cintura con seguridad, sus labios ahogan mi saludo, está decidido a cumplir mi petición.

El largo pasillo desaparece ante nuestra desesperación, la copa de vino quedo sobre la mesa de la entrada.

El sofá fue el encargado de frenar nuestros pasos, sus labios no se separaban  de los míos, sus manos recorrían mi cuerpo con ansiedad, mis manos recorrían su piel, su cuello, disfrutaban el tacto de un hombre tan varonil.




Su mirada desafiante controlaba mis actos, estaba dispuesto a cumplir su palabra y hacer que me olvidase de todo.

Sin esperarlo, sus grandes manos giran mi cuerpo, frente a mi, el gran ventanal, tras de mí, un hombre imperioso,  dispuesto a satisfacer el deseo de ambos……


                                                             

                                                                        Enmanuell L 7 de Septiembre de 2017

jueves, 3 de agosto de 2017

¿Un deseo por cumplir? (Segunda parte)

Doce de la noche, mi celular me reclama.


Me sorprende leer sus palabras, noto el nerviosismo de sus palabras.

-¿Duermes?

Sonrió al pensar en nuestro primer encuentro.

Yo, como siempre, acudo a la ayuda de mi amiga.

-Tengo que dejar mi coche, si me acompañas lo recoges-.  No lo dude en ningún momento, es una de mis mejores amigas y su petición no era excesiva.

Ambas nos dirigimos al lugar del encuentro, intento pasar desapercibida y al mismo tiempo irme lo antes posible, ya que allí, se debatían asuntos importantes que  yo no entendía.

Mi amiga sonríe de manera afable, me presenta a su jefe, el presidente de una importante compañía de la zona.  Es un hombre muy atractivo a la vez que serio, me saluda con una suave caricia de su brazo en mi cintura y dos besos de cortesía.

Nos invita a sentarnos en su mesa, yo, insisto en recoger el coche e irme, mi insistencia es ignorada. 




Decido entrar en la conversación, ya que aunque yo no sea una de las implicadas, conozco el tema por referencia de mi familia.  

Durante un par de horas permanezco a su lado observando su forma de llevar a su terreno a sus rivales.

Llegado el momento,  mi amiga al verme, se decide a despedirme, la reunión ha acabado  y yo deseo volver a casa y continuar mis planes.

Le dedico una sonrisa en agradecimiento, para mi sorpresa  su jefe me responde, su mirada recorre mi cuerpo de forma descarada, haciéndome sentir deseada.

Con nerviosismo  recojo las llaves de mi amiga y me dirijo hacia su auto sin mirar atrás. El mando no responde a mi demanda, escucho la comitiva tras de mí acercándose, mi intención era desaparecer sin más.

-Deja que lo intente- su mano recorre mi brazo con disimulo, dejo de respirar por un momento, recoge las llaves de mi mano, tan cerca de mí que siento su aliento sobre mi cuello.  






No articulo palabra y casi sin despedirme, giro la llave encendiendo el motor.

De camino a casa me provoca enseñarle a jugar, es algo  que me apasiona y siempre suelo ganar.


                                            Enmanuell L 3 de Agosto de 2017




domingo, 23 de julio de 2017

¿Un deseo por cumplir?


Sonrió  ¿me atreveré a mandarle un mensaje?

Sentado frente a mí, es el centro de la comitiva. Se explica perfectamente, todo el mundo lo escucha con atención.

He sido invitada por uno de los socios y simplemente permanezco sentada observándolo, centrándome en el  movimiento de sus labios, son carnosos y muy provocadores.





Su mirada me busca con disimulo, mis gafas de sol son mis aliadas, sonrió al pensar en su reacción si recibiera un mensaje mío en este momento.

Me gusta jugar ¿por qué no hacerlo?

Creo que se ha percatado de mi maliciosa sonrisa, es lo que me decide a hacerlo.

- Tengo una duda – permanezco atenta a su reacción, no puedo reprimir morder mi labio inferior al ver como acerca su mano al celular, todo parece suceder a cámara lenta,   su mano desbloqueando la pantalla, su respiración entrecortada al ver que soy yo quien le escribe, su determinación acompañada de una sonrisa al contestarme.

Por un segundo su oratoria se detiene, su mirada se clava en mí y una intensa sensación recorre mi cuerpo.

¿No debería haberlo hecho?  El sonido de mi móvil acelera mi pulso, dando paso a la certeza, el juego acaba de empezar al leer su mensaje.

-Pregunta-  su mirada se cruza con la mía devolviéndome la sonrisa e incitándome a jugar.

La tarde nos ofrece momentos, solo para dos,  dejando que crucemos mensajes ante la ignorancia de los demás, yo, en un segundo plano, él, barajando con soltura la situación.

Es un juego que ambos disfrutamos, un aliciente que nos hace evadirnos y disfrutar, el peligro de lo indebido consigue que queramos jugar.

El manto de la noche cae sobre nosotros, poco a poco, los socios han comenzado a despedirse , es hora del aperitivo. La distancia entre ambos comienza a disminuir.

La conversación entre los rezagados deja paso a confidencias y risas que todos disfrutamos, tras la cena la distancia entre ambos a disminuido, el roce de nuestras manos es leve y esencial.




Tras la cena, cada segundo robado ante los demás es un triunfo.

La hora de las copas desinhibe por completo cualquier atismo de vulnerabilidad, nos dejamos llevar jugando con las palabras, su mirada se centra en mis labios…

Un nuevo mensaje interrumpe el momento tan deseado, reclaman su presencia y es algo a lo que no se puede negar .

Se despide casi con un lamento..

-Buenas noches, esta noche hablamos ¿estarás?

Dudo mi respuesta pero......


                                                      Enmamuell L 23 de Julio de 2017