domingo, 29 de octubre de 2023

Siempre tú

Anoche soñé contigo, fur tan real a la vez que surrealista, un sueño contigo después de tanto tiempo y tras pasar por tanto sin estar a mi lado, sé que yo te lo pedí y , en serio,  pasado kn año creí haberte superado, en realidad culpo a mi subconsciente,  mi mente a aprendido a seguir su camino y encontrar consuelo donde un dia lo tuvo.
Hoy en día soy más fuerte, de ahí,  tanto tiempo sin hablarte ni necesitarte, pero mi mente sí recurre a tí,  y reconozco que al salir el sol,  se siente más tranquila y relajada.
Cierro los ojos y aún siento el aroma de tú piel, tus juegos de magia, tu sonrisa ese morbo desmesurado al besarnos que nos hacia perder la cabeza sin tener consciencia donde estábamos, porqué en esos momentos, no existía nada más. 
Esos lugares prohibidos que  , al volver a pasar por ellos , me despiertan una sonrisa, me gusta sí, instantes de mi vida que, en este año en sombras me han echo sentir que he disfrutado la vida.
El sueño que tuve anoche fue tan sencillo e irreal, que nunca lo vivimos realmente y sé que tampoco sucederá.
En la sala habíamos varias personas, los reproches se dirigían por igual a tí y a mí. 
Dentro del mismo sueño yo entendía que en esa conversación no debería estar yo.
Escuchaba incrédula cada una de los reproches que ella insista en decir que eran culpa mía,  te miraba y eras tan tú,  despreocupado , tranquilo y relajado que me hacía admirarte si cabe, más aún. 
Llegado el momento en el que un comentario destacó por su dureza, mí mirada se clavo en esa mujer; desde que te conoce a mí ni me a tocado, a lo que conteste casi sin pensar; conmigo el sexo es magistral.
El sonido del arrastre de tu silla al levantarte, hizo que nos giraremos hacia tí y por las palabras que escapaban de tus labios, entendí que era un sueño y los sueños, sueños son, palabras que nunca sintieron tú corazón. 

 
          "Te quiero"

domingo, 21 de mayo de 2023

Despedida de un Galán

 

 



Viernes trece, nueve de la mañana, años después, el motor de mi coche se para. 

Miro al frente, la claridad del mar es espectacular, abro la puerta del coche y sin moverme respiro con profundidad, su brisa recorre su interior acariciándome.

Cinco minutos después, decido coger mis pertenencias y bajar de el. Mi primer propósito es correr descalza por la arena, sentir como mis pies se hunden, como mis dedos se relajan a su tacto, sentir el agua dándome la bienvenida después de tanto tiempo. 

Mi sonrisa es patente, disfruto la sensación que mi alma siente. 

A mitad del recorrido, la pequeña cabaña de madera me detiene. Las paredes parecen desprender los restos de palabras olvidadas, esta todo tal y como lo recordaba. No quiero desviar mi atención de la playa, paso a paso, como a cámara lenta, recorro el pequeño tramo que me separa de la arena. 

La mesa de siempre está vacía,  una  vaga idea ronda mi cabeza, seguro que no vendrá y eso me apena. Me sobrepongo a mí penar  respiro profundamente, más tarde pensare en ello. 



Solo tres escalones, ya casi siento la arena, mi corazón palpita de ilusión.

Dos palabras me detienen en seco:

-Hola María.

Se acabó, mi corazón se ha paralizado, en este momento no se si contestar o simplemente continuar mi camino, respiro acelerada. Lo miro tras las grandes gafas, está igual que siempre. 

Sus zapatos marrones, de numero grande, tan limpios como siempre, su pantalón que tan bien le queda es vaquero, de un azul tejano, el cinturón es marrón con una gran hebilla , su camisa a cuadros tan bien planchada y ajustada a su robusto cuerpo, el fular a juego con la chaqueta,. Su sonrisa no está en su cara, ¿no se alegra de verme?

Amablemente, algo normal en un caballero como él, me invita a volver a la cabaña para poder hablar y tomar un tentempié.

Su mano se desliza por mi cintura cediéndome el paso. La brisa del mar me impregna de su aroma, es tal y como lo recordaba, implacable, seductor, sensual.

Sentados uno frente a otro, en la misma mesa que años atrás fue testigo de una distinta realidad, pedimos dos infusiones. 

Nos miramos sin hablar, solo contemplamos el paso del tiempo por ambos, estos años han dejado secuelas irremediables. 

Es una mezcla confusa, tanto tiempo deseando que ocurriera y en esto momento, no sé qué decir. La camarera nos sirve las infusiones sonriéndonos, da la impresión que aún nos recuerda. Tras darles las gracias volvemos a quedarnos solos. Una forma de romper el hielo es preguntar cómo nos va la vida. 

La suya ha cambiado mucho más que la mía, embelesada lo escucho tras mis gafas, sus labios humedecidos me  contrarían, esos labios que derretí con deseo y pasión, su cuello que fue mi devoción, las caricias que le dedique. 

Acaba de hablar, creo que ha notado que no le he dedicado mucha atención, pregunta por mi vida, no hay nada que destacar, continúa siendo normal. ¿Para qué comentarle todo lo acontecido en los últimos meses? Puede pensar que fue por él, y aunque fuera verdad, hoy por  hoy me alegra haberlo realizado en soledad. 

Él está nervioso, mi sensación es que espera reproches que no sucederán, su mano se acerca a la mía, una de mis lágrimas fugaces se ha deslizado escapándose bajo mis gafas, la suavidad de sus manos, el calor con el que me consuela, su protección hacia mí siempre estuvo presente. 

Dos horas después, es la hora de despedirnos,  me acompaña al coche, durante la conversación queda clara, nuestra amistad siempre estará en la lejanía sabemos que el apoyo que un día nos demostramos, no se acabara. 

Sonriendo me acompaña al coche, los dos nos hemos mantenido a una distancia prudente, para mi él es importante y a mí me respeta, ha sido mi maestro descubriéndome mil mundos nuevos. 

Una pregunta me ronda y no puedo evitar saber la contestación 

-¿existe una persona en tu vida?

Su mano se apoya en mi coche, presionando mi cuerpo con el suyo,:

¿Realmente importa?

En sus palabras sé que otra persona realiza mi sueño y es mi momento para desaparecer depositando solo un beso en sus labios, esos labios que ….

                      
                   Enmanuell L 21 de Mayo de 2013