jueves, 22 de mayo de 2014

No es melancolía.




      Sentir el vacío que la vida te ofrece, te enriquece.

      El miedo desaparece, el desconcierto entristece.

      Valorarte te fortalece, querer empezar a vivir,  lo merece.

      La felicidad debe de existir, no es fácil perdonar y volver a revivir lo que está destinado a morir.

     ¿El momento justo?  Solo la vida te lo da, las prioridades son las que se dedican a mandar.

      Dejar de ser quien eres, no puede durar toda la eternidad.

      Recorrer el camino para volverme a encontrar, es un sendero que olvide marcar.

      Empezar un nuevo destino, es algo que no me enseñaron a disfrutar.

      Las letras publican, lo que la realidad debe ocultar.

      Necesito controlar mi vida, los impulsos que mi alma me mendiga.

      Dejar de luchar contra mí misma, ahogando mi autoestima.

       La noche me regala mil excusas, mil sueños que me resucitan.

       El amanecer me brinda un nuevo día, donde sus risas, son mis guías.

       No es melancolía, simplemente la noche es fría.

        El calor de la vela que me protegía, se fue apagando por cobardía.


        Se debe vivir la vida, sobre todo, con una sonrisa y mucha alegría. 


        Enmanuell L 

                            

miércoles, 21 de mayo de 2014

Carta a un maestro ( segunda parte)





Despierto acurrucada en mi sofá, los rayos del sol acarician mis ojos. Me mantengo inmóvil diez minutos, recordando la noche anterior.


Sin darme cuenta he vuelto a desear que sus manos esculpan mi cuerpo, a sufrir sus silencios, a desear sus besos en mis labios y mi sexo. A sentir su pasión y sus deseos más ocultos.

Consciente de mis pensamientos, decido darme una ducha, dejar que sea el agua quien desvanezca cualquier pensamiento que encienda mi cuerpo. Me dirijo a ella descalza, deteniéndome a prepararme un café, al tiempo que dejo correr el agua de la ducha hasta alcanzar la temperatura que deseo.

Frente al espejo, observo mi cuerpo, la sensación de sus manos recorriéndome, sacude mi cuerpo haciendo que mis pechos se ericen.



Mi mente desea borrar mi pensamiento, sorbo un trago de café, si no  me doy prisa,  volveré a llegar tarde al trabajo.

Deslizo la puerta de la ducha, dejando salir el vapor contenido, tras recuperar el aliento, accedo a ella sintiendo el agua abrasador acogiendo mis pies, es perfecto para despejar mi mente.

Pierdo la noción del tiempo dejando caer el agua por mi cuerpo, sintiendo como la cascada  de agua caliente, resbala por mi cabello, golpeando mi cuello. Cierro mis ojos dejándome seducir por el minucioso masaje que me recorre.

Sin casi ver, cojo del estante el gel con aroma a rosas, la crema aromatizada me traslada de vuelta a un mundo de deseo, imaginando que sus ojos me observan, deslizo mis manos por mi cuello, dejando tras de sí, una senda aterciopelada, separándose cada una de mis manos a mis pechos.

Les dedico los mimos que sus manos disfrutarían, mis caderas contoneándose al ritmo que mi deseo crece, mi sexo reclama caricias sumisas.

El gel vuelve a fundirse en mi mano, dejando mi cuerpo cubierto de espuma, dibujando el sendero entre mis pechos y el centro de mi deseo, un escalofrió me recorre, siento sus ojos  tras la mampara, su mirada me incita a disfrutar, la sonrisa que me dedica hace que mis dedos jueguen con mi clítoris ansioso y empapado de deseo.



Gemidos acompasados con el temblor de mi cuerpo, hacen que mi cuerpo comience a sentir debilidad, haciéndome caer de rodillas en la ducha, sumergiéndome en el placer de entregarle cada uno de mis orgasmos.



Enmanuell L 21 de Mayo  2014 

lunes, 14 de abril de 2014

Un encuentro, políticamente correcto.



Como cada mañana lo primero que hago tras preparar mi café, era observar por la ventana amanecer, disfrutando ese momento que es solo mío.


Frente a casa los nuevos vecinos,  un chico moreno, un poco más alto que yo , sale cada mañana de la casa, dirigiéndose a su coche,  suelo  pensar en cual será su trabajo, una de las mañanas, se detiene antes de subir a su coche sonriéndome, sonrojada  le devuelvo el saludo.


Pasados unos días un encuentro fortuito hace que coincidamos en un semáforo,  reconozco el perfil, sonríe al  tiempo que habla por teléfono, ensimismada observo sus labios, imaginando como seria besarlos,  las entradas de su cabello, imagino la suavidad al tacto de su piel color canela,   su camisa  color blanco, líneas grises destacan su indudable atractivo, sorprendida por mis pensamientos subo el volumen de la música.

El sonido de un claxon de unos de los vehículos me increpa, es en ese momento cuando nuestras miradas se cruzan, le sonrío y el hace lo propio.

Aparco mi vehículo en el centro comercial, hay gran movimiento  cosa que me llama la atención. Tras las compras habituales me permito un capricho dirigiéndome  a mi local favorito, para degustar uno de los exquisitos cafés sentada en la terraza.

Frente a mí una gran pancarta anuncia la apertura de un nuevo local, entre el grupo de ´´respetables´´   una sonrisa conocida me saluda, devolviéndole como saludo un brindis con mi café.

Diez minutos más tarde, el grupo de hombres se sienta en la misma terraza, quedando el frente a mí.
Su imagen despierta en mi cuerpo el deseo, comienzo a sentir como mi sexo me reclama, la terraza es concurrida, coloco sobre mis ojos las gafas de sol e intento disimular mi respiración agitada, busco tras ellas un aseo cercano para refrescarme, camino apresurada, el agua fresca rebajara mi  excitación.

El me sigue con la mirada, le sonrió, se lo que está pensando.


Cierro la puerta tras de mí, apoyada en la pared, bajo la cremallera de mi vestido, el calor me abrasa, mi pulso acelerado me suplica un poco de agua, con ambas manos recojo  el frio liquido refrescando mi cara, una dulce sensación me recorre, el agua cae por mi cara, bajando por mi cuello, el canal de mis pechos la guía por mi vientre, frio, calor,.


Contra mi voluntad, la combinación de ambas cosas enciende más mi deseo, mojo mi mano deslizándola por mi cuello, una ligera brisa me obliga a mirar hacia la puerta, mi corazón se acelera al ver su tentadora sonrisa,  sus ojos clavados, disfrutando la caída del agua por mi cuello, mi piel erizada, le hace sonreír dejándome paralizada.

Se acerca a mí cerrando tras de sí la puerta, el aroma que desprende enciende aún más mi deseo , su mano segura roza mi cuello siguiendo el paso del agua, desciende por mi pecho acariciándome sin dejar de mirarme, deseo disfrutar la sensación que me invade cerrando mis ojos.

El suave mordisco en mis labios debilita mis piernas, su cuerpo presiona mi cuerpo impidiendo mi caída, su boca se apodera de la mía por momentos, sus manos comienzan a subir mi vestido, en un intento casi nulo por mi parte, intento detenerlo, sus ojos me miran autoritaria mente guiando con su mano las mías a su pecho.

Despojo uno a uno cada uno de sus botones, acercándome a él inspirando su masculinidad, besando con deseo su cuerpo.

Su mano acaricia el centro de mi deseo,  desatando  en mí un gemido de  fuego intenso, mis manos apresuradas desabrochan su cinturón, su sonrisa ahora es más perversa acelera  los movimientos con caricias más seguidas. Me entrego a su mano, disfruto como nunca antes lo había experimentado, he olvidado  el lugar donde nos encontramos, su boca aplaca mis gemidos.

Sus movimientos comienzan a ser más descontrolados, su respiración excitada, el roce de su pene en mi clítoris hace que me entregue , ahora soy la que sonríe de forma perversa, sé que me desea como yo a él. 

Apoyando sus manos en el frio mármol, maneja mi cuerpo, dejándome frente al espejo, veo sus ojos desafiantes fijos en los míos, sus manos acogen mis pechos con fuerza, su pene acariciando mi clítoris me hace desearlo con desesperación, mis ojos se lo suplican, entra  con fuerza en mi  haciendo  que cierre mis ojos, un palmada en mis nalgas me reprende, lo desafío intentando mover mi cuerpo buscando mi propio placer.

Sujeta mi cuerpo fijamente al suyo, desea que abra mis ojos y lo consigue, mirándome frente al espejo, el contoneo de su cuerpo hace temblar rincones de mí que no conocía, soy incapaz de ahogar mis gemidos, su pene entra y sale sin cesar cada vez más enérgicamente, ahora es él quien cierra sus ojos siendo yo quien, tomando el mando, me aferro a su cuerpo absorbiendo su pene golosamente, sin esperar mi determinación, deja que el tan deseado orgasmo nos invade.


Minutos después, recompongo mi ropa mientras él, se dedica a observarme, sin mediar palabra, salgo del baño dirigiéndome a casa.


Enmanuell L 14 de Abril de 2014




sábado, 29 de marzo de 2014

Carta de un maestro ( Primera parte )



Acabo de volver de mi viaje, cargada con mi maleta accedo al portal de mi edificio. Antonio, el cartero me saluda con una sonrisa, tras charlar unos minutos me hace entrega una carta, la observo, me llama la atención el hecho que la parte del remitente este en blanco, introduciéndola en mi bolso recojo mi maleta y subo las escaleras hasta el ático.

Por fin en casa, aparco la maleta en un rincón dirigiéndome a la cocina al tiempo que me despojo de la ropa que me cubre.

El baño a despojado mi cuerpo del cansancio acumulado, la sensual música me relaja, acompañada de una copa de vino me acomodo en mi sofá, leal amigo de mis noches de insomnio. Disfruto de cada sorbo de vino dejándome invadir por cada una de las notas que invaden mi salón, recordando las  palabras de nuestro último encuentro -  Con todo lo que callo, podría hacer un sendero, entre mis silencios y tus miedos.

Relleno mi copa tarareando una de las canciones, mis se dirigen de vuelta al sofá cuando recuerdo la carta, la recojo y vuelvo a acomodarme en mi sofá.  No estoy segura de abrirla y me dedico a disfrutar de la copa que acabo de servirme. Media hora después, abro el sobre, mi corazón se sobrecoge, reconozco las palabras.

Después de dos años de silencio, mi mentor vuelve haciéndome  sentir emociones descontroladas. Solo él sabe cómo arrebatarme en cada palabra.
Sabedor de su control sobre mí y las consecuencias de sus palabras en mi cuerpo, dibuja su presencia en mi sofá.

Cada una de sus primeras palabras,  excitan mis recuerdos,  dejándome llevar por ellos, dejo que sea mi mano  la que satisfaga su ausencia, recorro mis labios volviendo a saborear los suyos, mi cuello erizado se arquea sobre el cojín dejando paso a mi mano a través de él, a mi pecho.  

Sonrió al comprobar mis pezones erectos, su lengua dibujando círculos en ellos, en tiempos pasados, sus dientes  desatando mis gemidos, mi vientre contrayéndose al roce de sus manos, mi sexo húmedo esperando sus dedos juguetones,  su mirada al ser yo incapaz de mantener  mi mirada en él.




La copa ha caído sin acabar de ser tomada, dedico ambas manos a cubrir la ausencia de su cuerpo, mi mente decidida a disfrutar, acalla mi razón.
Mis dedos recrean con ansia las embestidas que me dedicaba,  desnuda y sudorosa,  siento el calor que se apodera de mí, haciendo que sufra uno de los orgasmos más intensos de los últimos dos años.


 Desfallecida  me acurruco en el sofá, exhausta  y temblorosa lloro por mi debilidad ante sus palabras, incrédula de lo sucedido acaricio mi sexo auto convenciéndome que ha sido un sueño, la humedad que desprendo me convence de lo contrario volviendo a reanudar mi juego en solitario….. 




Enmanuelle L 

sábado, 22 de marzo de 2014

Un argentino en el ascensor


Las doce menos cuarto de la noche, la puerta del recinto hospitalario cerrara a las doce en punto.

Tras dejar a mi padre acomodado,  decido bajar a fumar el último pitillo del día, con ropa cómoda y mis zapatillas, bajo los escalones de las dos plantas. A mi alrededor todo en  silencio, las auxiliares han terminado su turno, el vigilante me mira con cara de asombro,  con una sonrisa le doy las buenas noches.

Las puertas se abren al notar mi presencia, el gran jardín de la entrada me recibe adormilado,  acaba de entrar la primavera y el ambiente  aun es algo frió. A ambos lados del jardín, dos farolas alumbran la entrada del recinto.  He olvidado mi reloj en la  habitación, no sabré que hora es y eso me incomoda.

Un chico me observa, decido preguntarle la hora, dándomela amablemente. Su acento le delata, es extranjero. Unos pasos más y enciendo mi pitillo. Un grupo de personas discuten frente a mí, me detengo observando lo agitada de su conversación y el tema requerido. Dos de los chicos me miran e intento disimular sin conseguirlo.

Me siento incomoda, miro al chico solitario, me da más confianza y poco a poco me acerco a él. 

Los dos entablamos conversación instintivamente,  pasamos  los minutos entre risas y confesiones.

El grupo de personas se acerca a nosotros, sonreímos a su paso, tras ellos, un grupo de sanitarios le siguen a su paso al centro sanitario. Es hora de entrar, antes de que las puertas se cierres hasta la mañana siguiente.

Me acompaña al ascensor, su acento argentino, sus grandes ojos y su sonrisa, aceleran mi respiración. El silencio es ensordecedor, ambos acedemos al pequeño habitáculo, su proximidad recorre mi cuerpo.  Mi planta la segunda, la de él la sexta, el ascensor juega a su antojo, descendemos al subsuelo, su mirada acompañada de una sonrisa varonil, hace que dude de mi misma.

Acercándose a mí vuelve a presionar  la planta número dos, su respiración es más cercana.

La puerta del ascensor se abre al fin liberándome del galante desconocido. Mi padre duerme  plácidamente, me acomodo en un incómodo sillón preparándome para que las horas pasen lo antes posible.

Las tres de la mañana, desesperada al no poder dormir, decido bajar a respirar un poco de aire nuevo y fumar un pitillo. La única salida aceptable es por urgencias y hacia allí me dirijo, veinte minutos después encuentro la salida, tantos pasillos enrevesados casi me desesperan.

Observo la gran ciudad en la oscuridad de la noche, quince minutos después me doy cuenta  que he perdido mi encendedor, una voz familiar me ofrece encender mi cigarrillo, acepto encantada, me trasmite tranquilidad y la acepto.

Decidimos volver a nuestras habitaciones, la noche refresca y mi piel se eriza ¿es el frio o es su cercanía?

Acedemos por la entrada de urgencias, intentamos descifrar el laberinto de pasillos hasta llegar al ascensor, una de las puertas que se interponen a nuestro paso se dirige directamente donde los cuerpos sin vida descansan. Mi impresión es muy fuerte, mi reacción es acabar en sus brazos. Sus fuertes brazos me dan cobijo, su sonrisa  me devuelve a la realidad junto a sus palabras. 

Avergonzada separo mi cuerpo del suyo.

Continuamos andando por los pasillos con paso más relajado,  su mano coge la mía excusándose en mi reacción. Por fin el ascensor, entramos en el, presiono el acceso a mi planta, él, hace lo propio.
Acercándose a mí me pregunta si ya me encuentro más cómoda, mis ojos observan sus labios, se acerca más, apoyándose en la pared del ascensor, presiona mi cuerpo contra el suyo.  Sus labios acarician mi frente, el temblor que me recorre es evidente e intento evadir su cercanía.



Tranquila- sus labios susurran  antes de acallar algún intento de replica, su fogosidad me excita sin pretenderlo, su mano comienza a subir por mi pierna acariciándome con delicadeza y deseo a la vez.  Sonríe al notar mis pechos erectos rozar su cuerpo, ha conseguido que siga su juego, un juego que en este momento deseo.

Sin pensarlo para el ascensor en la entrada del hospital, los besos y caricias suben de intensidad, sus manos se deslizan dejando mis pechos a su merced, los besa y muerde con ansiedad desatando en mí, mi deseo más incontrolado.

Los sillones de la entrada nos acogen, apoyándome en uno de ellos, accede bajo mi pantalón, mi humedad le hace sonreír, aplaca el gemido que me provoca con su boca. Deseo disfrutar y curvo mi cuerpo ofreciéndome a él.   Sin más,  la acometida de su pene me invade, el ritmo acrecienta por momentos, mi cuerpo es una explosión de sensaciones placenteras.

Siento sus dientes sobre mi cuello, sus manos apretando mis nalgas contra él, su grueso pene se apodera de mi voluntad. Con un ligero movimiento, ahora soy yo la que sobre él,  busca mi placer, sus manos pellizcan mis pezones endurecidos mordiéndolos después.

 ¿Siento dolor? ¿Placer?  Mi respiración acelerada, provoca que él agilice mis movimientos, cierro mis ojos disfrutando del enorme calor que recorre mi cuerpo, dejo caer mis manos sobre su pecho arañando su piel, exige que lo mire desatando en ambos el tan esperado orgasmo.

Las diez de la mañana, tras recoger mis cosas salgo por la puerta del centro hospitalario, el guardia de seguridad me despide con una pícara sonrisa.




 Enmanuell L 

miércoles, 5 de marzo de 2014

Noche de carnaval



Comienzo de carnaval, el jefe se ha portado, un largo puente para disfrutarlo, con mi billete en mano, subo las escalerillas del avión. Este  año por fin descubriré porque son tan importantes estas fiestas para reconocerlas como interés nacional.


No he dicho mi paradero de los próximos días, me voy a dedicar a disfrutar. Dejo atrás por unos días, trabajo, estrés, rutina.. todo lo que no consigo apartar estando cerca de todo ello.


La ciudad a la que me dirijo es extremadamente agradable, la gente sonríe, el hotel me regala unas vistas increíbles a la playa. Tras dejar la maleta, me dirijo en busca de un traje que ponerme, para disfrutar la noche. En una de las tiendas, cerca del ayuntamiento, uno de los disfraces llama mi atención,   el  contraste entre el color rojo y negro fuego me atrae, expresa todo lo que ahora quiero ser.


Al salir, me relajo sentada en una terraza donde un camarero me atiende amablemente, me indica el horario y la mejor zona para disfrutar estas fiestas.

De nuevo en el hotel, sentada en el cómodo sillón, miro mi disfraz, ¿Me atreveré? Me rio como hacía tiempo, disfruto cada uno de los momentos a la hora de vestirme. Decido ponerme la ropa interior negra, frente al espejo, recojo mi pelo en una cola salvaje, el rímen impregna mis pestañas, el color rojo de mis labios, a juego con mi disfraz.

Las medias se deslizan por mis piernas dejándolas justo a la altura de los ligeros. La falda es muy, muy corta, sonrió al verme reflejada,  el corpiño y la falda son de color rojo, botas de tacón  y antifaz negro

Ya disfrazada, me dirijo al bar del hotel,  el ambiente es animado, la gente hablan entre ellos, al llegar yo, me acogen saludándome.

El alboroto de las personas  hace que pase horas bailando,  mi garganta seca me hace buscar algo que tomar, me encuentro frente a un local donde el sonido de la música, llama mi atención. Es música en directo y está a rebosar, me abro paso como puedo consiguiendo llegar a la barra.

La cerveza apaga mi sed, sobre el escenario un grupo local deleita a unos fans entregados,  observo bajo mi antifaz como disfrutan, en mí recorrido un chico llama mi atención, sus grandes  ojos azules, la falta de disfraz  y su sonrisa revolucionan aún más el calor que siento.

Me adentro cerca del escenario, balanceo mi cuerpo al ritmo de la música. Cierro mis ojos sintiéndome bien por la decisión que tome al venir sola y disfrutar de estas fiestas.

El cuerpo de una persona se acopla al mío, giro mi cabeza, sin deseos de despegarme al ver que es el chico de los ojos azules.  El movimiento de nuestros cuerpos es un vaivén de contoneos  controlados, noto su excitación pegada a mí, me apetece jugar, dejo que mi cuerpo saboree el suyo al ritmo de la música,  me deslizo por el suavemente excitándome ante su mirada, no sonríe, solo disfruta. Sus manos acarician mi disfraz, en un momento dado, son sus manos los que acarician mi cuerpo bajo  mi falda.

Mi mano se desliza por su cuerpo, su erección es notable, mi deseo se acelera, su sonrisa me atrapa, me hace sentir segura. Intenta quitar mi antifaz, se lo impido con una sonrisa.

Termina la canción, mi excitación es tan evidente que el extremo de mis pechos roza el disfraz erecto y deseoso de esa sonrisa cautivadora.

Al acabar la canción, mi mente me hace reaccionar, sonrió a mi pareja de baile dejándolo solo  y saliendo precipitadamente del local.

Sus ojos me observan en cada paso que doy, disfruto esa sensación, acabo en una calle que desemboca en un parking,  estoy perdida en esta gran ciudad con el deseo por un hombre que acabo de conocer.

Apoyándome en el capo de uno de lo coches, mis dedos intentan reprimir el deseo que me ha producido, mis gemidos acrecientan por momentos. Unos dedos recorren mi mano, abro los ojos, el color azul de sus ojos hacen que cierre los míos al besarme. Su mano dirige la mía, llevándome a su coche.

El cierre centralizado abre el seguro de las puertas, me invita a entrar, le concedo el deseo.
Su hilo de voz   me ordena disfrutar mi excitación, desde la puerta él, observa como dejo que mi cuerpo se estremezca ante mis dedos. Su mirada es ardiente observándome.

Se acerca a mí, pellizca  mis pechos, sus dedos juegan  en mi boca, abre mis piernas dejando mi tanga húmedo ofrecido a él, se acerca  a mí bebiendo mi jugo, su lengua acaricia mi clítoris incansablemente, mis gemidos son ahogados por la música que continua en la calle.


Sus manos expertas juegan con mi cuerpo, la excitación me hace desear complacerlo saboreando su cuerpo, su mandíbula apretada me satisface, el placer que le hago sentir me excita aún más.

El capo de su coche es el apoyo de mi cuerpo, sin contemplaciones me penetra una y otra vez desatando en mi un placer extremo.  

Entro en mi habitación, mi cara refleja cansancio y satisfacción, la cama me acoge, el sol está saliendo, cierro los ojos tras una noche de carnaval.




martes, 25 de febrero de 2014

Un sueño hecho realidad ( octava parte )




No me atrevo  a moverme, sus palabras continúan golpeando una y otra vez en mi cabeza.
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        ¿Lo has pasado bien en el balcón?

Siento su mano jugar sobre mi vestido, las demás personas continúan escuchando el discurso , nadie percibe mi semblante sonrojado.

Acercándose aún más a mí, su experta mano se desliza bajo mi vestido rojo, despojándome del pequeño tanga que cubre mi sexo.
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      A lo largo de la noche,  sabrás cuál es el resto de tu castigo- la excitación me estremece.

La excitación e indignación que siento se debaten dentro de mí. Estoy rodeada de  personas influyentes, sin ropa interior.

Levanto la mirada, se aleja de mi acompañado de una chica muy atractiva, su mano se desliza por la cintura de la joven, él, sabiéndose observado, me mira y sonríe.

¿Celos? ¿Son celos o simplemente no comparto su juego?

El discurso ha acabado, los aplausos de los asistentes me devuelven a la realidad. Pedro me invita a compartir una copa, en uno de los elegantes divanes distribuidos estratégicamente por el gran salón. 

Acepto encantada decidiéndome por uno en concreto, en el, seré visible para mi galán.






El Cosmopolitan sacia mi sed con enorme placer, mi mirada se cruza con la suya, él bebe cava, consigue ruborizarme cuando su mano se dirige al bolsillo de su chaqueta, su pícara sonrisa me hace saber, donde se encuentra su tesoro, consiguiendo toda mi atención.

Pedro continua hablándome, creo que se ha dado cuenta  que no le presto mucha atención, busco a Ana con la mirada, ella también desea irse a casa, acercándome a mi acompañante le susurro que me acompañe a la salida, con toda la intención al ver que desde lejos me vigila, rozo con mi mano la rodilla de Pedro, la sonrisa de mi galán desaparece desaprobando mi actuación. 

Su mirada penetrante me sigue hasta la salida.

Me despido con mi acompañante amablemente prometiéndonos mutuamente volver a quedar, alguna vez, Ana se impacienta.

En el camino de vuelta a casa Ana habla y habla pufffff, intento prestarle atención, mi mente se niega.

Es de madrugada, abro la ventanilla del coche dejando que la brisa del mar alivie el calor que me invade.  Decido ir caminando a casa pidiéndole a Ana que pare, tras mucho rogarle para convencerla que lo necesito, cede a mi petición. Solo son unos metros  y me vendrá bien pensar en todo lo ocurrido.

Camino por el paseo observando las palmeras, parejas escondidas disfrutando de un amor imposible o simple deseo. No se percatan de mí, yo continúo mi paseo, un coche pasa a toda velocidad, el frenado del coche es inmediato.

Paralizada veo como la puerta del coche se abre, de el, con su traje impecable, baja mi galán, se dirige a mí con pasos largos y seguros. Me alejo de él sin mirar atrás, el tacón de mis zapatos impide que mi retirada sea rápida y me desprendo de ellos, su voz, con tono firme me llama, insiste que me detenga. Estoy demasiado ofuscada con él por despojarme de mi ropa interior y no le hago caso.

Su mano detiene mis pasos, no dice nada, su mirada enfurecida habla por él.  Me guía hasta un pequeño rompeolas, me apoya en las rocas devorando mi boca con deseo.

Mi excitación reacciona sin poder controlar mi cuerpo humedeciéndome, su rodilla entre mis piernas, se abre camino sin yo percibirlo, sus ágiles manos desabrochan los primeros botones de mi vestido dejando mis pechos descubiertos, erectos y excitados se rinden ante la destreza de su lengua.

Mis piernas tiemblan, mis gemidos comienzan a ser continuos, su boca no siente piedad de mí, es implacable, experta y lasciva sometiendo  mi cuerpo a su voluntad.

 Su mano sube por mi rodilla con firmeza, mi vestido se despedaza en sus manos, sus dedos acarician mí el centro de mi deseo con suavidad, círculos medidos en intensidad y ritmo sacuden mi clítoris haciéndome enloquecer, deseo besarle, acariciarlo, devolverle tanto placer, con su mano atrapa mis manos prohibiéndome tocarle.

Su mirada disfruta su poder sobre mí, no puedo ni quiero defenderme, él sabe cómo hacerme llegar al cielo sobre la arena de una playa.





Enmanuell L