jueves, 5 de mayo de 2016

Un mes sin ti


Hoy hace un mes que no estas (perdóneme por no hablarle con el respeto que me enseño, ha habido muchos momentos en que más que una madre ha sido mi amiga).

En otras circunstancias es este momento estaría con el teléfono contándole mis penas para después dejar paso a los sueños o pequeñas alegrías. Ha habido momentos en este mes que me he desubicado al querer marcar su número y caer en la cuenta que nadie me responderá.

Le costó entender decisiones que había tomado, nunca quise entristecerla, usted sola acabo entendiéndolo y apoyándome.

¿Por qué tengo que felicitarla en un día de la madre si yo cada día me acuerdo más de usted mama?

Hay personas que ya no están en mi vida, pensaba que al irse ellas no lo podría aguantar, que me han fallado, de algunas de ellas ni lo podía imaginar,  todo queda en un segundo plano ahora que tú no estás.

Mama, la vida me ofrece nuevas sensaciones que me gustaría compartir con usted, sé o quiero creer, que desde donde ahora esta, las vive a mi lado y no deja de sonreír y soñar.

 Le confieso que estos días no lo he podido evitar, he estado triste, con pena, mi alma llorosa le echa de menos ¿A quién le cuento ahora las locuras que pasan por mi mente y que usted no me dejaba de regañar?

No puedo visitarla donde está, no quiero creerlo, inconscientemente me niego a despedirme dejándola atrás.

Sé que las palabras ya no sirven, que este dolor nunca se acaba de pasar, la vida me ha enseñado que cuando un paso se ha dado, ya no hay vuelta atrás.

Tenía tantas cosas que decirle, tantas cosas que pensaba que me iba a acordar y no es así. Lo único que importa es que ya no está, que con su partida me ha demostrado lo que importa de verdad.

 Se fue el Papa y dolió mucho pero no se puede comparar, no porque no lo quisiera, incluso para él usted era especial.


Las palabras sobran, solo le mando un beso, el beso que ya no le podre dar. 



Enmanuell L 5 de Mayo de 2016

viernes, 15 de abril de 2016

En el super, tu mirada es mi juego.


Estar cerca de él me provoca una intensa excitación, me sucede desde la primera mirada en el supermercado, las miradas se han ido acompañando de sonrisas, de encuentros provocados en pasillos abarrotados, dando lugar al roce de nuestras manos.

Hoy, como cada día lo he visto, algo nervioso, su sonrisa me resulta algo más traviesa, su mirada fijada en la mía guía mis pasos tras él.

Directo sin tabúes, su pregunta es clara:

-¿Qué me haces?- me pregunta acercándose a mi sin que lo espere- ¿Por qué no me dejas dormir, por qué no te vas de mi cabeza? –sus manos se precipitan sobre mi espalda con la intención de acercarme a él.

-Aparta, sabes perfectamente que no te he hecho nada- le contesto.

- Y tú…

-¿Yo qué?- Su mirada me seduce. 



-Aunque no lo reconozcas te gusta el riesgo, por mucho que lo niegues también sabes que te gusta la intensidad con la que mi mirada recorre tus labios, disfrutas cada momento. Tus ojos hablan por ti, se derriten y no mienten, tu piel se eriza con mi cercanía, el misterio de tu cuerpo como si fuera la primera vez que nos cruzamos. Y tú, tú sabes perfectamente lo que te hago sentir ¿O me vas a decir que no te vuelvo loca cada vez que te miro? – está muy cerca de mis labios, con un movimiento muy rápido, consigue rozarlos levemente esperando mi respuesta.

-Aparta- le repito, pero esta vez lo suplico- Por favor…

-De acuerdo – accede sin ganas-  pero quiero despedirme, ya sabes, un beso al menos.

Ardiente, no he podido resistirme acercándome a su boca, dándole el beso más apasionado que jamás he dado a nadie.

Este hombre de metro noventa, de pelo y ojos castaños, se está convirtiendo en mi perdición, yo, la chica rebelde que comienza a disfrutar su libertad.

Es por él, por quién pierdo la razón en mis  noches al pensar en volver a besarle. 

Ha despertado de nuevo en mi fantasías aletargadas en la penumbra de mi dormitorio, su mirada guía mis manos por mi cuerpo, en aquel momento me habría arrancado toda la ropa y me hubiera lanzado sobre el para abrazarlo, besarlo y gozarlo.




Con movimientos sinuosos, debajo de la sábana mis dedos juegan con los rizos de mi vello, poco a poco, he abierto paso hasta mi sexo, mis dedos lubricados suben y bajan desapareciendo entre espontáneas convulsiones y gemidos. 

Complaciente, mi cuerpo como un volcán en erupción, emana el placer que me produce su recuerdo. 

Mañana de nuevo, volveré al supermercado.

                                                                                   Enmanuell L 15 de Abril de 2016

miércoles, 6 de abril de 2016

Sin ti Mamá


Desde el día cinco de Abril la palabra ´´vacía´´ tiene un nuevo significado para mí. 

Es como me siento, mis pilares se han quedado vacíos, nos hemos quedado huérfanos de las principales  sendas que aprender. 

Hace poco más de un año falleció mi padre dejando a siete personas un poco perdidas, ayer falleció mi madre, es casi más doloroso, un dolor que llega sin avisar cuando ese persona se despide sin ver el amanecer.

Cuando dormida se queda, como si nada de lo ocurrido fuera con ella. 

El llanto, la desolación, la impotencia al llamarla sin recibir la respuesta esperada, el tremendo vacío que se crea en tu alma. Sí, es un vacío  en el que no dejas de pensar ¿quizás pude haber hecho más? 

¿Debería haber tomado decisiones sin contar con ella? En este momento ya todo  da igual.

Hoy no me he despedido de ella, me han faltado muchas cosas que decirle, que preguntarle, que vivir a su lado.

Día a día continuare teniéndola en mi mente, pidiéndole ayuda, consejo incluso apoyo.

Porque como mi madre no había ninguna, una mujer luchadora, con sus ideas claras, donde primero fueron sus hijos y sus nietos, donde siempre te recibía con una sonrisa, la que aprendió a utilizar el móvil para preguntarte como te va el día o para cantarte una melodía.

No tengo palabras para describir lo que siento, ya que en este momento mi alma se encuentra vacía.

Solo darte las gracias Mamá, me has legado tu optimismo, tu alegría, tu sonrisa y la fuerza para empezar un nuevo día.

Mamá dejas un vacío muy grande en nuestras vidas, el dolor de no tenerte y el pensamiento de lo injusta que es esta vida.


Te queremos. 




jueves, 10 de marzo de 2016

Resulta tan difícil ser yo

Resulta tan difícil dar un paso que no has querido en mucho tiempo realizar, dejar la vida que esperabas llevar, escuchar comentarios dolorosos que te dicen en tu cara sin dudar.
Las miradas que te increpan buscando un comentario que sabes que no merece la pena dar, mantener la sonrisa aun sabiendo que lo que quieren es verte flaquear.
Obligaciones desmedidas que tu conciencia te obliga a retomar, sin medir las consecuencias que un día te puedan reclamar.
Sé que la vida es dura, es más cuando lo que intentan es verte flaquear.
Yo continuo en primera fila, aunque en soledad, lo único que me apetezca es llorar.
Recurro a personas que no tienen por qué estar, sabiendo que una sola palabra suya, me ayudará a remontar. No es decisión mía, en su momento hubo ese filin  que me hizo saber que yo era una persona y no solo una mera quimera que se cruzó por azar.. Te pido disculpas, no debes ni tienes la obligación de siempre contestar, te adoro lo sabes, no tengo que decir nada más.
Existen personas que te sonrojan con hola y una sonrisa,  de repente vuelves a despertar. Si, continúo siendo atractiva y lo veo reflejado en los demás en los pequeños detalles del día a día.
También existen personas como las buenas amigas, esas que llegado el momento, no sabes si son familia.
Hoy me siento herida, será el momento, las circunstancias o simplemente que no que estoy de ánimo para luchar como cada día.
Romper una piedra es fácil, lo difícil es mantenerse erguida.
Siempre he sido una persona optimista, atenta, cordial y con una sonrisa.
No es ese momento en mi vida, me siento golpeada, sin compasión aunque me vean herida.
 Tengo que luchar, lo demandan los pilares de mi vida, continuaré aquí, constante, paciente, sonriente, pero también dolorida.
Mañana amanecerá otro día, el sol entrara por mi ventana, renovando de nuevo  mi vida.
 Os agradezco vuestra ayuda cada día, me mantenéis con  ilusión y alegría, vuestros comentarios despiertan en mí una sonrisa.

A los que quiero de forma especial, os pido perdón, por pedir vuestra ayuda cuando he tenido un mal día.

Resulta tan difícil ser yo, sentir los golpes que me da la vida, que me siento arropada en tus palabras cada  día.  




Enmanuell L 10 de Marzo de 2016

martes, 23 de febrero de 2016

Juegos deseados (segunda parte)


-¿Quieres que pase la noche contigo?

-Tú decides

-Te lo estoy diciendo…

-No, ha sonado más a una pregunta.

-Quiero quedarme- el silencio se hace patente.

- Vete, es lo que deseas.

-No te comportes como una niña mimada.

-¿Una niña?

-Perdóname.

- Vete ya- le grito ofuscada por su comentario.

Escucho sus pasos indicándome su trayectoria hacia la puerta, dejándome sola con mis pensamientos, se abre la puerta, da un paso más y la  puerta se cierra. Se ha ido, un escalofrió recorre mi cuerpo, no sé si volverá o no lo hará de nuevo.

Me dirijo hacia la ventana y miro a través de la cortina ansiosa esperando su salida, mi respiración se acelera, un minuto, dos minutos, tres….mi esperanza cae en picado, se ha ido. Cierro mis ojos intentando contener mis lágrimas.

La suave caricia de una mano recorre mi cintura, me estremezco, mi cuello es recorrido con delicadeza deslizándolo sobre mí hombro, me dejo llevar hasta sentir el calor de su pecho contra mi cuerpo, su boca mordisquea impaciente mi cuello, sin poder evitarlo, siento mi cuerpo en llamas.




-No te has ido.

- Te deseo, te lo he dicho y quiero que lo compruebes.

Su voz me derrite, comienza a besarme apasionadamente, sus manos recorren mis hombros despojándome del mismo picardías que momentos antes lo despedía.

Mis miedos desaparecen con el tacto de su mano recorriendo mi cuerpo, suspiro de placer al sentirlo jugar con mi clítoris, sus movimientos precisos sobre mi vulva me hacen enloquecer, le gusta mi lencería y decide dejármela.

Mi pudor desaparece deslizando mi mano sobre su vaquero, lo disfruto como amante siendo suya, escondidos en la sombra, me desea al mismo nivel que lo deseo. Olvido mis pensamientos, mi coraje, y cualquier otra cosa, cuando comienza a poseerme a tirar mis barreras con un solo beso.

Me tiene a su merced, y es que nadie puede resistirse, o al menos yo no puedo, no quiero, quiero que me ame, aunque sea solo un momento, aunque sea solo ese instante, aunque sea solo en la cama, quiero que sea solo para mí, aunque solo sea en un sueño húmedo.

Le quito la chaqueta, la camisa, botón a botón volviendo a disfrutarlo y el cinturón, en este momento, la que juega soy yo. Él se deshace de los zapatos y me arroja en la cama, yo trepo provocándolo, abriéndome de piernas para él, tocando mis pechos, indicándole que él puede hacerlo también.




Me observa, y me encanta que lo haga, me siento plena, me encanta que mire como toco mi cuerpo, como me ofrezco y me abro lo más que puedo para que él introduzca su miembro dentro de mí, su lengua recorre sus los labios, intuyo que saboreándolo y le invito a probarlo, introduciendo mi dedo en la boca, él se contiene, pero sé que me desea, sé que quiere poseerme entera.

Sus dedos se encargan de lubricarme, se preocupa porque no me duela, no sabe el placer que eso me provoca, intenta una, dos, y en la tercera, me introduce el pene por completo, hasta adentro, estoy deseosa, y lo espero.

Caemos en la cama, abrazados, mientras me besa en los ojos, la nariz y la boca, le acaricio el cabello, ya con canas, muy escasas, pero evidentes, y no puedo creer que lo tenga aquí.

–Te deseo. –susurro, obteniendo silencio. Y ante tan evidente respuesta, mi corazón se quiebra en mil pedazos, lo disfrutaré hasta que me canse.

Me subo en él ofreciéndole cada uno de mis senos, mientras traviesamente él juguetea con mis orificios, me penetra con los dedos, el ano y la vagina, dedicándome deliciosos orgasmos.

Me toca los pechos, los amasa, los aprieta con rudeza, lame mis pezones, los excita, los retuerce despacito, provocándome un delicioso placer en las entrañas, y ahí está de nuevo gimiendo.

Yo se lo concedo todo, se lo entrego todo. La habitación huele a sexo, a saliva y sudor, y aún seguimos entregándonos al placer, hasta caer rendidos.

Tira de mi cabello obligándome a bajar y saborear su pene, sus testículos, es mío, todo mío, ese suculento manjar, cuando lo introduzco en mi boca, está salado, húmedo, sabe y huele a él, su semen me fascina, dispuesta a provocar su placer en mi boca, me esmero en hacerle el oral de su vida, introduciendo su pene lo más que puedo, hasta tocar mi campanilla, es delicioso tener la boca llena, y jugar con mi lengua, enroscarla alrededor, chuparle, besarle, masturbarle, escucharlo gemir, viendo lo que esta “niña” puede hacerle, no tardo mucho, cuando lo siento contraerse, ya viene, está a punto y de repente un chorro espeso me golpea en la lengua, sale con fuerza, es salado, calientito, es mi premio.



Él limpia los restos que quedan en la comisura de mis labios, con el dedo, los chupa, sonrió traviesamente, satisfecha con mi triunfo y nos abrazamos fuertemente, cayendo rendidos por el cansancio.

Su piel caliente, sus fuertes brazos, esos besos que me quitan el aliento, la fuerza de su sexo y como mi corazón siente ese vuelco cada vez que lo escucho gemir.

Muchas veces le he dado placer a mi cuerpo, pocas veces placer a mi alma, pero con él, el placer es completo, al cuerpo y al alma... Y es que cuando se complementan ambas cosas, todo se vuelve indescriptible, una caricia es vital, un beso la vida.

Al abrir los ojos lo miro junto a mí, tan fuerte, tan mío, que aunque no me lo diga, sé que me desea, aunque hoy se ira, dejándome sola, no sé por cuantos días, me ha hecho feliz, el resto de la semana.

Las sábanas tienen su aroma, mi cuerpo arde de pasión, dónde lo besaste...


Enmanuell L 23 de Febrero de 2016
















jueves, 18 de febrero de 2016

Juegos deseados

Hoy es un día de esos enrarecidos. Es invierno y luce el sol sin atisbo de nubes, sin embargo brillando en lo más alto, es de esas veces que no calienta. Si sales a la calle, notas en la cara una brisa heladora que cierra todos los poros y de forma instintiva te hace esconder el cuello entre los hombros y echarte aliento entre las manos.

Me gusta fijarme en las personas que me cruzo. Me pregunto cómo será su vida, ¿serán felices? ¿Tristes? ¿De dónde vendrán? ¿A dónde irán?

Cruzo por la gran vía casi sin observar el tráfico, contra mi tobillo izquierdo un panfleto cómplice del viento llama mi atención, me agacho a recogerlo y es una cuartilla ilustrada sobre un grupo de jazz. Justamente es para un espectáculo que se hace esa misma noche. 

Es un deseo que persigo durante mucho tiempo.
Pocas horas más tarde, me encuentro en las puertas del local donde es el espectáculo. Tomo asiento en uno de los reservados más apartado,  con luz discreta. Comienza el concierto, un camarero con una gran sonrisa, sirve la copa que voy a disfrutar (Whisky con hielo)….



 En ese momento se apagan todas las luces y solo se queda un foco encendido sobre el saxofón.

 Sorprendentemente una de las melodías parece dedicada a mí.

La blanca luz de la farola que ilumina la puerta de entrada, hace que mi mirada se fije en la persona que entra en el local. Mi corazón se sobresalta, la silueta que apenas distingo se dirige hacia mí. Una sonrisa acompaña su mirada, hacía mucho tiempo que no coincidíamos.

Con su habitual descaro, pide acompañarme y yo accedo.

Disfrutamos el concierto sin apenas intercambiar palabras, solo hablan nuestras miradas intencionadas.
Una vez acabado me invita a  cenar con él, en su casa. Una cena deliciosa, increíble. Tras finalizar, vamos al sofá los dos, a charlar un rato... pero no hablamos mucho. Hace tiempo que lo deseo.

Deseo sus labios y me acerco a ellos, despacio, tengo miedo del rechazo, pero no se produce. Los junto con los suyos y lentamente voy  abriendo mi boca para que nuestras lenguas se junten y se acaricien... lo deseo tanto... 

Sus manos se acercan a mis brazos y mis manos a su cuello, cada vez nos besamos con más pasión... De repente, me aparta y dejo de ver. Una venda cubre mis ojos al tiempo que  dos cuerdas de seda atan mis manos. No puedo moverme.




Lentamente, siento como desliza mi ropa sobre mí. Me desnuda, sin poder ver, sin poder moverme... Pasan  unos minutos y no pasaba nada. Creo que esta frente a mi mirándome y mi excitación  crece. Un instante cambia esa percepción. Una pluma toca mi vientre, suave acaricia mi piel produciéndome un escalofrío.

Sus labios tocan mi muslo... tocan mi abdomen, mi cuello, mi frente, mi mejilla derecha, mi mejilla izquierda, mi hombro derecho... La pluma sigue recorriendo mi figura. Sus labios tocan mis labios, solo un momento.

Sus labios besan  mis pechos, primero  uno y luego otro... siento la pluma   jugar con mi entrepierna... su lengua recorre mis pechos .. y lo deseo, deseo que bese mis pechos. No pasa mucho tiempo, sus labios caen sobre mi pezón y lo besa fuerte, chupándolo bruscamente, mientras estimula mi otro pezón con la pluma.
Mi cuerpo excitado, tiemble y se retuerce a su antojo.
pasan unos minutos, para. Todo quedó quieto y en silencio de nuevo.

Siento algo en mis labios y los abro, la calidez y suavidad de su pene roza mis labios intentando abrirse paso  en mi boca, cedo a su voluntad y la saboreo con timidez, su excitación crece con las caricias de mi lengua,  despacio y suavemente entra hasta la garganta y la  retira  de nuevo. Sus gemidos me invitan a continuar con el juego, acaricio el glande con mi lengua, siento por momentos como se endurece  en mi boca y el líquido pre seminal cae sobre mi lengua.


Dejándome la miel en los labios, juega con su lengua por mi cuerpo hasta llegar a mi clítoris, la excitación es máxima en ambos, su lengua da círculos sobre él... no puedo más... y me dejo llevar por una ola de placer inmenso.

En ese momento siento su pene, me penetra fuerte y rápido, penetrándome salvajemente.




 Me quita la venda de los ojos y lo puedo ver, desnudo, como su mirada busca mi placer, como se mueve para metérmela y sacármela rápidamente. Agarra con sus manos mi cabeza, teniendo la certeza que soy suya  mientras no deja de penetrarme... muy fuerte.

                                

                                        Enmanuell L 18 de Febrero de 2016



sábado, 16 de enero de 2016

Confesiones de una amiga ( la cita )


La vuelta a casa fue silenciosa, Miguel conducía escuchando su emisora preferida, yo miraba tras el gélido cristal de la ventana, la noche anterior había dejado recuerdos grabados a fuego en mi mente.
Salvador me había dominado consiguiendo satisfacerme en cada uno de los momentos. Su habilidad, el fuego de sus labios,  la fuerza de sus embestidas me excitaba solo con recordarlo.

A la mañana siguiente despierto sobresaltada, las escenas en mi mente se repiten sin cesar, al girar mi cabeza Miguel continua dormido, la alarma de su móvil no deja de sonar, silenciosamente salgo de la cama y me dirijo al salón, sobre la mesa su móvil, retraso el nuevo aviso de alarma y vuelvo a dejar el teléfono. 

Deslizo mi mano por mi cabello, tomaré una infusión y volveré a la cama.





 Repaso mentalmente la noche anterior, mi cuerpo comienza a vibrar, cruzo el pasillo descalza, mis ojos quedan fijos en el teléfono de Miguel, observo como duerme y vuelvo al salón.
Imágenes de chicas rebosan en cada una de las carpetas, sonrió. 

Decido revisar el registro de llamadas, la última es de Salvador antes de nuestra alocada cita, mis dedos reaccionan solos perfilando mis labios. ¿Me atreveré a llamar?

-Hola... -Estoy bastante nerviosa y no me salen las palabras.

-¿Dígame? -Responde una dulce voz al otro lado.

-Sí. –mí nerviosismo es evidente -¿Me recuerdas? Nos conocimos anoche, acompañaba a Miguel.

-Claro, como olvidarte.
Mis manos tiemblan intentando relajar mi voz, deseosa de quedar con él no dilato más y se lo propongo directamente.




 -Por supuesto, me imaginé que así sería, yo también deseaba hablar nuevamente contigo, pero entenderás que me gustaría antes tomar algo y así conocernos bien.

Me da la dirección de un bar del centro. Lo conozco, aunque nunca he entrado.

Quedamos en vernos allí el viernes por la noche. Los días pasan despacio, pero al fin llega el momento. Intento elegir ropa provocativa, para causar buena impresión. Es curioso, porque nunca imaginé que nos citaríamos para conocernos mejor.

 Entro en el bar llego un par de minutos tarde, por culpa del aparcamiento, así que espero que este allí. Lo único que se de él es que se llama Salvador.

La localizo enseguida. Me mira, sus ojos marrones me entusiasman. Hace un gesto al verme, pero no le veo muy convencido. Supongo que la idea de tener una cita conmigo no le hará especial ilusión, pero si estamos en esta situación será porque de alguna manera ha accedido a ello. Nos saludamos con un par de besos.

Hablamos, primero de cosas banales,  después de cosas más relacionadas con el sexo, pues al fin y al cabo para ello habíamos quedado y todo hace indicar en que no habrá ningún problema.

Me caen bien, Salvador tiene una personalidad arrolladora. Es el centro de la conversación, y yo ya fantaseo con que más adelante lo será de un encuentro sexual que espero con ganas.



Él me parece que está muy bueno. Es atractivo, alegre, tiene una sonrisa muy bonita y unos ojos marrones que embelesan a cualquiera.  No sabría decir cuántos años tiene, unos 45, quizá 50. Es comercial, pienso que en su trabajo debe traer loca a más de una.

Me mira, diría que están buscando mi aprobación para acceder a su juego.

-Me gustas, así que si te parece bien podemos acabar de tomar las cervezas e ir a mi casa. Vivo aquí al lado, a cinco minutos a pie.

-Perfecto, tú a mí también, la verdad. -Digo escuetamente.

-Lo único, te quería proponer una cosa, no tienes por qué aceptarla.

Dime, seguro que no es para tanto. -Tenía cierta curiosidad.

-Tengo algunas fantasías en mente, alguna vez las he propuesto, pero que nunca he conseguido. Tú, ¿las harías?

La sensación que  me produce  es bastante placentera, mi tanga se inunda de humedad al rozar mis muslos, sin duda me provoca acceder a cada una de sus pretensiones y sé lo hago saber con una sonrisa. Acabamos las cervezas y salimos del local.

Vamos caminando hacia su piso. Llegamos por fin y subimos el ascensor es un cuarto. Mejor, la tensión entre ambos aumenta con la cercanía de nuestros labios, su mano rodea mi cintura presionando su cuerpo contra el mío, sonríe al sentir el poder que tiene sobre mi deseo.

Entramos a su casa y él me ofrece algo de beber. Lo rechazo con educación mientras nos dirigimos al salón.

-¿Estás segura de querer hacerlo? -Me pregunta.

-Claro. -Yo no sé si lanzarme a besar sus labios, es una situación algo extraña.

-Yo tengo muchas ganas de poseerte. -Sorpresivamente esa afirmación sale de boca de Salvador.

-Y yo de que lo hagas, de verdad. -Aseguro.

-Vale, tengo una idea. ¿Por qué no me esperas en la habitación mientras voy al baño? Así, cuando vuelva empezamos con los besos y ya nos arrancamos los dos. -Dice sonriente, pero con un deje que hace que me ponga cachonda.

-Perfecto. -Respondo.

-En ropa interior, por favor. Quiero ponerme caliente en cuanto entre y te vea.



Continuara……


                   Enmanuell L 17 de Enero de 2016