viernes, 11 de diciembre de 2015

Cita de Sábado noche ( segunda parte)



  -Me apeteces ahora- mis palabras susurradas a su oído incrementaron su nerviosismo.

 Quería hacerlo mío en ese preciso momento, devoraba su boca al tiempo que daba instrucciones hacia el destino que tenía planeado.




La temprana hora hizo imposible cumplir mi deseo, las constantes idas y venidas de los automóviles nos delatarían al momento, buscamos un lugar más discreto, mi mano acariciaba su entrepierna deseosa de poseerlo, mordía sus labios locamente, mi excitación crecía por momentos con cada uno de sus suspiros.

Recorrimos unos pocos metros encontrando un polígono casi abandonado, el motor del coche se detuvo en el primer lugar seguro que creíamos seguro. El asiento del pequeño coche se deslizo, mi cuerpo temblaba con cada una de sus caricias, sentía el ardiente deseo que recorría y humedecía mi   sexo.

 No dude en hacerlo mío, posándome sobre él.

Descubrí su pecho, mordisqueándolo, su boca me atraía, haciendo mi voluntad irresistible a él.

Deslice mi pierna sobre su cuerpo, mi tanga quedo entre sus dedos dejando libre la entrada de su pene en mí. El grosor de su miembro desgarraba el estrecho y húmedo vacío de mi cuerpo.





Un intenso placer me invadió, arqueando mi espalda, para volver a tomar el control sobre mi cuerpo  y dejarme llevar por el vaivén que yo misma provocaba. Sus manos aceleraban mis caderas, sentía su pelvis golpeando mi clítoris, los tres primeros orgasmos de la noche fueron consecutivos.

Desfallecí sobre su pecho sin dejar libre mi tesoro, un tesoro impaciente por derramar sobre mis labios su deseo.

En grandes dosis su deseo cubrió mis labios, decidí hacerle compañero de juegos  en mi deleite.

La luz de dos faros acercándose nos alertó, la adrenalina nos hizo reír al mismo tiempo que recomponíamos nuestra ropa.

-¿Cenamos?- Mis palabras cargadas de intención fueron aceptadas de buen grado, el motor se puso en marcha dirigiéndonos a un lugar más íntimo donde…..


             Enmanuell L 11 de Diciembre de 2015



martes, 8 de diciembre de 2015

Cita de Sábado noche ( primera parte)



-Quince minutos y emprendo el camino- Era el mensaje que esperaba, el día  había sido muy largo en el trabajo, solo la próxima cita me hacia sonreír.
Tan solo restaba una hora para que llegara y aún tenía mucho que hacer, en mis fantasías había creado escenas que deseaba se hicieran realidad.
La cena a medio preparar, el agua de la ducha me invitaba a sumergirme en ella, mi ropa interior sobre la cama, un picardías de encaje negro solo acompañado de un pequeño tanga, medias de encaje, zapatos vertiginosos a juego. Sería su regalo.



-Te espero-  mi cigarrillo se apagaba en el ventanal al ver su llegada. Termine de arreglarme, minifalda, fular y una simple gabardina eran mis complementos. Tras de mi apague las luces de casa y me dirigí al ascensor, que siendo mi cómplice me esperaba a mi llegada.
Con paso decidido salí a su encuentro, él se encontraba en el  automóvil con las luces de posición,   su amplia sonrisa me recibió, el motor se puso en marcha, emprendimos un camino decidido al azar, el brillo de sus ojos y sus halagos me invadían.
-Tengo un regalo para ti- me sentía con ganas de jugar,  encender su pasión.
Despacio comencé a descubrir el picardías que tan celosamente guardaba, su respiración comenzó a acelerarse, su mano no pudo resistir tan insinuante invitación a recorrer mi pecho.
Los kilómetros comenzaron a ser segundos cargados de ansiedad, me acerque a su boca, sus labios desprendían el deseo que yo buscaba, lo absorbí con voracidad, mi mano jugaba con el roce de su vaquero excitándolo a continuar mi juego.




Apoyada en el respaldo de mi asiento, acabe de descubrir mi cuerpo para él, la velocidad incrementaba, sus ojos recorrían mi cuerpo, sus manos acariciaban mis piernas con deseo, el calor me invadía ofreciéndome a él. Sus expertos dedos alcanzaron mi clítoris, mi cuerpo arqueado floreció a su tacto, las descargas que me producían me recorrían sin cesar, el continuo vaivén de sus miradas intentando controlar su pasión y la velocidad me excitaba, acabando en un intenso orgasmo.
Tras sobreponerme era mi momento, desabroche su cinturón, el botón de su pantalón, baje la cremallera que se interponía entre mi deseado destino y yo. Bese sus labios con ardiente pasión mi mano acaricio su pene erecto. El sonido de su asiento al retroceder, me hizo reparar a la velocidad que nos encontrábamos, no sentí miedo, me excito más.
Dibuje con mis dedos el camino a seguir, sus labios, su barbilla, su cuello, su pecho protegido por un chaleco.
Su mano guió mi cabeza bajando con firmeza hasta su pene que sobresalía de su bóxer, mi lengua saboreo el delicioso manjar que me esperaba. El sabor ácido y adictivo que hizo mi deseo implacable.
Mis labios rozaron dulcemente el rojo fruto de su entrepierna, lo bese con devoción dejando, su mano dirigió cada uno de mis movimientos………    


          Enmanuell L 8 de Diciembre 2015


sábado, 5 de diciembre de 2015

Pasión en el velero



José era un chico de cuarenta y pocos años, el único chico que frente a la terraza del local miraba el mar. Sentí curiosidad y decidí acercarme  dando un paseo.
En sus ojos se reflejaba el cálido color azul que desprendían las olas al romper. La charla fue muy amena, cortésmente se presento invitándome a una copa de vino.
Escucharlo era sentir sus mismas inquietudes. Las siguientes dos horas pasaron sin advertirlo, dando lugar a una próxima cita en su yate.
Dos meses después, un mensaje en mi móvil me recuerda la cita con José, pasaría unos días en Marbella y le gustaría verme. No daba crédito, releí una y otra vez sus palabras dudando de mi misma ¿me atrevería a acudir a la cita?
No debí de pensarlo mucho puesto que esa misma tarde me dirigí a Marbella. Quedamos bajo las grandes letras que daban la bienvenida a los turistas, ya que era la primera vez que la visitaba.  
Nos dirigimos al puerto deportivo donde tenía el amarre de su velero, tendió su mano invitándome a subir. Él sonreía al ver mi cara.
Paseamos de popa a proa, me parecía irreal encontrarme en aquel lugar. Por un momento dejo de estar a mi lado, el chapoteo del cabo al caer al agua llamo mi atención, nos adentremos en el mar sin decir palabra, solo disfrutaba del atardecer que me envolvía.






Llegado el momento el velero se detuvo, su mano se deslizo por mi cintura y con una sonrisa me invito a conocer el interior del barco.  Todas las estancias decoradas de una forma muy coqueta a la para que varonil, detalles de su tierra sobresalían.
Recorrimos cada uno de los camarotes,siendo el suyo el último en visitar.
Una vez dentro del camarote, la cercanía entre ambos era menor, su mano acaricio mi cuello recorriendo mi barbilla sin dejar de mirar mis ojos, sus dedos acariciaban  con suma  delicadeza mi cuello erizando mi piel. El balanceo de las olas nos hizo caer en la  cama, sus labios atraparon mis labios dulcemente, sus besos apasionados cargados de ternura hacían de mi la más fiel de sus enamoradas. Un simple giro de mi cuerpo dejo mi espalda a su merced. Bajo la cremallera de mi vestido acariciando con mimo mi vientre, sus dedos juguetones se introdujeron en mi tanga buscando excitarme más si era posible, mis gemidos fueron atrapados por su voraz boca sin dejarme aliento, jugaba con mi cuerpo dejándolo caer sobre la gran cama, quede a su merced, sus lentos movimientos me hacían desearlo cada vez más. Sus labios jugando por mi canalillo llegaron a mis pechos, rozando mis pezones sin quitar mi sujetador, sus dedos presionaban mis pechos sin piedad dibujando  el camino de su lengua, calor, mucha calor sobre mi clítoris, su aliento al abrir las puertas de mi deseo me quemaba, lo deseaba de una forma incontrolada, sonrío al comprobar el movimiento de mis caderas pidiendo el placer que me concedía.
Apoyado sobre sus rodillas me tendió la mano, su juego acababa de empezar, deslizo su mano por mi cintura acercando mi ardiente cuerpo a su verga, sus labios me mantenían prisionera, me dejo caer lentamente sobre su pene introduciéndolo como un puñal incandescente. El increíble orgasmo no tardó en llegar, mi cuerpo pedía más, aceleraba mis movimientos vanamente ante sus manos que con firmeza me pedían calma.  Jugué a su juego y me deje llevar, con cada orgasmo mi deseo hacia el crecía mas.


Dejó mi cuerpo caer nuevamente sobre la fría sábana de seda, dedicó sus dedos exclusivamente a darme placer, instintivamente mi mano acaricio su verga dejándome por un  momento disfrutar de él, saboree con mis labios el rojo y palpitante glande saciándome de sus embestidas cargadas de semen.
Me derrumbe temblorosa, su lengua comenzó a recorrer mi espalda sin darme tregua dilatando mi ano, era su próximo destino y no pensaba ceder.
Un cosquilleo hizo que mi espalda se arqueara, la mezcla de placer y dolor me recorría, despacio  su verga abría el estrecho canal que estaba decidido a probar.
Sus dientes sobre mi cuello desviaban mi atención, de un seco golpe comenzó a acelerar el ritmo de su cuerpo, un extraño placer me invadía, quería más, deseaba más, de repente me vi siendo yo la que buscaba cada una de sus embestidas, los gemidos de ambos eran cada vez más acelerados hasta sentir el ardiente semen sobre mi espalda.
Sin respiro, sin pausa, sus manos masajearon mis pechos,  fui yo quien se abalanzó sobre él dejando sus manos a mi voluntad, deje que su boca jugara con mis pechos, me deslice sobre su cuerpo sintiendo su miembro nuevamente entrar en mí. Los orgasmos se repetían sin  cesar, la respiración comenzaba a faltarme y aun así continuaba deseándolo.  Tenerlo bajo mi poder me excitaba, mis brazos lo rodearon  con el ánimo de calmar su sed, cosa que no conseguí. Sus dedos reemplazaron su pene, mis ahogados gemidos me dejaban sin aliento, el movimiento circular sobre mi clítoris me mantenía encendida.



Mordió mi labio inferior sin dejar de mirarme, sus brazos rodearon mi cintura clavándose en mí, los orgasmo fueron simultáneos, nuestros cuerpos agotados cayeron sobre la cama.
Dos horas después desperté sola en el camarote, José sonriente admiraba el mar, me brindo una copa de vino, el atardecer nos acompañaría una noche más.



          Enmanuell L 5 de Diciembre de 2015

viernes, 20 de noviembre de 2015

Descubriendo el olivar

El viaje por Andalucía era uno de mis sueños. Decido no pensarlo más y tomar rumbo a Jerez, en los próximos días se daría lugar un gran acontecimiento a nivel nacional.
A la hora prevista llego al hotel, la habitación es sencilla, dos camas, una sencilla mesita, un aseo con ducha, el color gris de la cortina entristece la pequeña estancia, sin pensarlo mucho sonrió, solo será mi refugio en las horas de descanso.
Sin detenerme a deshacer la maleta, recorro la mayor parte de tan bello pueblo andaluz. Las fotografías recogen la cálida luz que acariciaba mi rostro, dejando impreso la alegría de las sencillas personas con las que me encontró.
Una de las tabernas me llama la atención por la alegría que desprende y alegra la calle.
El bullicio despierta en mí el deseo de entrar y saciar tanto mi curiosidad como el hambre que ya  acompaña.
Sentada junto a la barra, observo un grupo muy animado que sonríe y brinda por una larga amistad, entre ellos un atractivo hombre maduro sobresale por su sonrisa y simpatía.
El montadito de lomo que acompaña a la cerveza disminuye entre sonrisas sin dejar de observar al protagonista del grupo. Su mirada se cruza con la mía dejándome sin aliento e intentando disimular el nerviosismo que me  provoca.
La invitación del desconocido no tarda en llegar, se lo agradezco brindando con él en la distancia, cosa que el caballero no admite, con una sonrisa se acerca a mí.
-Hola, mi nombre es José ¿y el tuyo?
-Me llamo María, gracias por la invitación.



La tarde va poco a poco desapareciendo en una conversación animada, con la llegada de la noche me despidió justificando mi partida por la temprana hora que reemprendo mi viaje, él aprovecha el último momento invitándome a visitar Jaén, lugar donde reside.
El conducir siempre me ha relajo y decido poner en marcha el motor del coche sin destino, disfrutando de los paisajes que me concedían las carreteras nacionales. Dos horas después me encuentro recorriendo  un mar verde.
A ambos lados de la carretera, cientos de olivos  cubren cada palmo de terreno recordándome la invitación de José. Decido mandar un  mensaje aceptando la invitación y en tan solo media hora, José es encuentra sentado a mi lado en la pequeña terraza del bar donde  lo espero.
José luce una impoluta camisa blanca, corbata de rayas azules y  pantalones negros,  me  parece una escena de lo más sexi, muerdo mi labio inferior, sonrió consciente de que mis pensamientos no son los más apropiados.
La melodía de su teléfono le hace fruncir el ceño, un acto que activa un hormigueo en mi estómago , tardando unos segundos en poder controlar. El calor comenzaba a ser notorio, me dedica una sonrisa perversa mientras me invita a visitar el pueblo y los alrededores.
Sin dudarlo acepto su invitación, emprendemos el camino paseando por las estrechas calles, el calor comienza a ser agobiante, como un caballero se ofrece ayudándome a desprenderme de mi chaqueta, sus dedos rozan mi nuca antes de alcanzar el cuello de mi chaqueta retirándola con excesiva lentitud, como si estuviera desenvolviendo un delicado regalo.
 Me centro en sus ojos, me contempla con ojos confusos, como si me conociera, no me dejo intimidar, llevo mis manos al nudo de su corbata para aflojarlo y posteriormente, retirarle la corbata con cuidado.
Nuestros pasos nos guían a uno de sus terrenos, un extenso olivar. En cuanto nuestros rostros vuelven a encontrarse, continúo el juego que, de forma sutil, hemos iniciado. Desabrocho los botones de su camisa, empezando por arriba para ir bajando dejando su torso al descubierto, sus ojos fijados en mis labios, sin duda es uno de esos hombres que le gusta cuidarse. Sonrió con complicidad quitando mi camiseta, exhibiendo frente a él mi sujetador de encaje negro.
-Ahora creo que deberías quitarte eso- digo señalando su pantalón oscuro.
Desliza sus manos tras la espalda concediéndome el privilegio de hacerlo por él. Decidida desabrocho el cinturón, hago lo mismo con los pantalones y seguidamente los deslizo por sus piernas hasta retirárselos por completo.
-¿Y ahora qué? –Pregunto reprimiendo una sonrisa- mi falda parece ser lo único que sobra.
- Tienes razón, no combina con el paisaje.
No lo pienso más y desabrocho la cremallera de mi falda, dejándola resbalar por mis piernas desnudas hasta detenerse en mis tobillos, me acerco a este hombre tan atractivo que sigue observándome con detenimiento, nuestras miradas se congelan seguidas por un silencio en el que los dos comenzamos a respirar con irregularidad.
Su cuerpo colisiona contra el mío pillándome desprevenida, sus manos rodean mi cintura haciéndome sentir la presión de su entrepierna clavándose en mi ingle, me dejo llevar devolviendo cada uno de sus besos con desesperación, mis manos acarician su ardiente piel.
Arrastro mis labios por su pómulo hasta llevarlos al lóbulo de su oreja, lo presiono levemente con los dientes, el encaja su rostro en mi cuello. Gimo en su oreja al sentir su cuerpo completamente enganchado al mío, sus manos acarician mis muslos centímetro a centímetro acercándome a él. Acaricio su entrepierna sintiendo su dureza en mi mano.
Mi caricia le gusta, su cuerpo reacciona en el acto, parece estar ardiendo.
-¿Te excita la idea de que puedan vernos-  me susurra separando sus labios de los míos.
-No más que a ti- susurro entre sus labios. Sonrío fundiéndome en su cuerpo, jadea en ese instante desabrochando mi sujetador haciéndome reaccionar mi cuerpo, rodeo su nuca con mis manos besándolo con voracidad desmedida, el roce de sus manos contra mis pechos estimulan mis pezones endureciéndolos.
Bajo su bóxer hasta medio muslo, no me da tiempo a deleitarme con su erección, una de sus manos desliza mi tanga percibiendo mi humedad, utiliza su segunda mano para separar mi pierna derecha, quedando mi sexo a su disposición, el placer me sacude cuando roza con su miembro las puertas de mi vagina, jadeo al sentirla dura y resbaladiza deleitándome adaptándome a su grosor, muevo mis caderas ansiosa, no cede a la demanda de mi cuerpo y detiene la penetración..
-No pares- susurro con el pulso acelerado.
-¿Qué quieres?- mordisquea cuidadosamente mi barbilla.
-Ya lo sabes- contesto desesperadamente.
-Quiero oírlo- su morbosa insistencia consigue excitarme aún más.
-Métemela….
Su pene invade mi vagina alcanzando más profundidad de que imagino, me llena por dentro, escucho el sonido seco de sus testículos chocar contra mí, me dejo llevar por el constante balanceo, fuerte, dominante, mi cuerpo se acopla con el suyo sin dejar el mínimo hueco entre nosotros, lo necesito, anhelo su ferocidad más que cualquier cosa.
-¿Así te gusta- susurra con la voz entrecortada.
-Siii – contesto entre gemidos.
Un nuevo sonido proviene de él, consigue aturdirme tensando mi cuerpo precipitando en mi un incontrolable placer que me lleva al orgasmo entre desmedidos jadeos al tiempo que él libera su densa carga en mi interior.

Enmanuell L 21 de Noviembre de 2015




miércoles, 18 de noviembre de 2015

Amor de madre

En la vida a  veces te sorprendes y creo que es lo que te hace luchar día a día.

Hoy ha sido un día de esos que no esperas, ¿cómo imaginar que por una necesidad puedes acabar teniendo lo que necesitas?

No suelo creer en la suerte, nunca me ha acompañado, pero no sé cómo explicar este día.

Sé que en esta vida tienes que luchar por lo que quieres y valoras, desde que me levante es lo que he hecho, luchar por lo que quiero y agradezco que por una vez, encuentre buenas personas que dan un respiro a este sin sentido en el que me encuentro.

Siempre sonrió, es  mi forma de ser, incluso cuando me encuentro hundida por luchar sola ante esta vida. No sé porque  me extraño, he decidido en cada momento lo que quería cuando despertaba día a día.

No siempre ha sido lo más adecuado ni lo que cualquier persona asumiría pero tengo conciencia y lo que sí quiero es poder dormir tranquila.

Quizás no siempre he sido lo que debería, ni quizás debí dejarme llevar por lo que me apetecía.

Soy humana y en ningún momento hice nada que no me quería, incumplí normas que no sé quién regia, ¿Quién se dedica a imponer la vida? ¿ a quién debería responder ante una herida?

Doy gracias por lo que me ha concedido la vida, dos hijos que me animan a continuar día a día.

Soy madre y repetitiva, lo sé, pero también soy mujer y deseo sentir en mi cuerpo la pasión y la vida.

Gracias a todas las buenas personas que me dedican su tiempo sin pretensiones ni envidia, siempre me tendrán y encontraran en lo posible de mi media.


Soy mujer de palabra, no importa si estoy bien o herida, siempre te recibiré con agrado y una sonrisa.

Enmanuell L 18 de Noviembre de 2015




martes, 17 de noviembre de 2015

Niña de ojos tristes


Que dice tu mirada niña de ojos tristes,  sueñas con un futuro diferente, un futuro  que ahora es pasado, un pasado que pasó demasiado velozmente.  

Una vida feliz que disfrutar en el presente, dejando para el día siguiente, lo que hoy no eres capaz de hacerle frente.

Que oculta tu mirada niña de ojos tristes, que intentas olvidar que ocultas tu mirada con el flequillo que cubre tu frente.

¿Quizás conocías tu futuro y querías esconderte? No huyas niña, sabrás hacerle frente, vive día a día, nadie conoce el presente.

Sonríe niña de ojos tristes, tu sonrisa alienta tristezas escondidas, sonrisas  de gente que tienes frente a frente.


No llores niña de ojos tristes, quizás un día encuentres ese amor diferente. Un amor que quite el pelo de tu frente, dejando en tus labios una sonrisa permanente, la ilusión de una vida que te pertenece. 

Enmanuell L 17 de Noviembre de 2015




viernes, 25 de septiembre de 2015

Mis sueños se cumplieron, mis deseos se incumplieron, y me realidad nunca existió.

Todos pasamos épocas de ´´luto´´.

Bien por lo las personas que  queremos  les llega el final de la vida, o bien porque, llegado el momento, la vida de forma contundente de la vida que creíamos nuestra.

En ninguno de los dos casos es fácil, al principio sientes un cúmulo de sensaciones, la adrenalina te ayuda a superar el instante más duro.

Pasados unos días es una montaña rusa, días en los que sale el sol y te sientes bien por las decisiones tomadas y días que el cielo amanece encapotado y te sientes abatida y triste.

Cuando la vida juega de forma pícara, une ambas, se debe ser fuerte  ( eso es lo que todos dicen) pero uno no decide lo que su corazón, su cabeza o su alma pretende.

Espero ser fuerte, sentir esa fortaleza que un día tuve  y hace mucho tiempo que el letargo la embarga.

Siempre he sabido resolver las situaciones bajo presión y ahora lo intento, tengo dos motivos muy importantes por los que luchar y ser la mujer que un día fui.

Mis hijos son el motor de mi vida, por ellos y por su futuro sé que tendré fuerzas.



 Mi luto es simbólico en parte, el tiempo debe pasar y olvidar asumiendo mi realidad. 

Mis sueños se cumplieron, mis deseos se incumplieron,y me realidad nunca existió. 

Enmanuell L





26 de Septiembre de 2015