martes, 22 de octubre de 2013
Mi ritual sabor a rosas
Anoche, después de un día bastante ajetreado, me apeteció mucho una ducha, mi ducha.
Tres velas fue lo primero que prepare, puestas sobre un mueble blanco, cada una una olor diferente cada una una sensación diferente. Encendí las tres, apagando la luz para que fuera solo su destello el que iluminara mi baño.Me dirigí hacia el espejo, ambientando mi baño con música escogida para ese momento.
Me vi frente al espejo, mirándome, desnudándome poco a poco, mientras lo hacia mi baño se traslado de lugar, ya no estaba sola.......
Mi cuerpo frente al espejo ya desnudo hacia que deseara que unas manos lo acariciaran, mi piel estaba sensible a los recuerdos , acaricie mis pechos y mi cuello,los recuerdos eran demasiado recientes.
Me dirijo hasta la ducha, un poco fría el agua, un giro y ya estaba en su punto, caliente para recorrer mi piel. el vaho comenzó a llenar mi baño, las luz de las velas y la música hacían que fuera especial.
El agua caía por mi pecho, por mi espalda mientras mi imaginación te traían a mi lado, una sonrisa mirando el champú con olor a rosas, en mi mano un poco de ilusión y deseo, la lleve hacia mi cabello acariciándolo como nunca lo había echo, ese olor, ese mágico olor tan parecido a tu piel, tan suave como tu piel hizo que mis manos bajaran por mi cuello hasta mi pecho impregnando mi piel y mis sentidos. La música hacia que mi cuerpo se balanceara mientras mis manos jugaban por mi cuerpo, mis manos no eran mías eran tuyas y mi piel se erizaba.
Un poco de agua dejando caer la espuma por mi cuerpo, dejo paso al siguiente liquido que rozaría mi cuerpo, aceite de almendras dulces, sobre la piel mojada, mi cuerpo húmedo, resbaladizo hacia que mis manos no desearan dejar de masajearlo, la música hacia que mis gemidos se confundieran y solo fueran míos.Se convirtió de forma necesaria en el sonido del deseo.
Otra vez frente al espejo, secaba cada centímetro de mi, sin prisas, primero mi cuello, mi pecho, mis caderas , mis piernas una a una, subida sobre el mueble del baño, llegando a mis pies acabando en mis dedos, no tenia frió, yo misma desprendía calor.
Un poco mas de magia en mis manos, esa magia que hace que te desee sabiendo que quieres compartir mi baño, tu body milk paso a ser el principal punto de mi atención, que suave que fragancia................... te necesitaba.
Mi perseverancia,,,, que fuera tu aroma la que perdurara en mi, durante bastantes minutos deje mi cuerpo con tanta calor que era imposible aplacar con nada, frente al espejo te veía tras de mi.
Me mantuve desnuda algo mas de tiempo, peinando mi cabello y secándomelo, imaginando como recorrería tu cuerpo, mis labios sedosos saboreando tu cuerpo, mi cara que tu acariciarías con mimo, mi cuerpo vibrando junto al tuyo , todo seria un juego deseado por los dos.
Anoche, tu, estuviste en mi baño y me encanto.
lunes, 21 de octubre de 2013
Maltrato
Hoy he visto, en el segundo canal de televisión española, un programa del cual el contraste de las imágenes me hace pensar en mi madre y todas las de su época fueron educadas. En el mismo programa he visto el machismo de los hombres descubierto en noticias de asesinatos de esas mismas mujeres.
¿De verdad hemos cambiado esta sociedad? ¿No continúan las mujeres muriendo a manos de sus ´´parejas``?
En los años 70 éramos criados acallando golpes de hombres machistas. A partir de los 80 las mujeres morían por ser libres o simplemente por deseos de hombres que no sabían valorar lo que tienen, todos hemos sido ´´victimas ´´ del machismo. Ya sea de padres, hermanos o parejas.
¿Debemos someternos a sus deseos de poder? ¿ Es justo que mueran mujeres por la poca autoestima de un hombre?
Hemos luchado por mantener una familia a costa de todo, dejando confundir, estabilidad de los hijos por sumisión de la mujer.
Mi madre fue maltratada, hoy en día mujer sumisa, No quiero heredar su futuro
Maltrato
Hoy he visto, en el segundo canal de televisión española, un
programa del cual el contraste de las imágenes me hace pensar en mi madre y
todas las de su época fueron educadas.
En el mismo programa he visto el machismo de los hombres descubierto en noticias
de asesinatos de esas mismas mujeres.
¿De verdad hemos
cambiado esta sociedad? ¿No continúan las mujeres muriendo a manos de sus
´´parejas``?
En los años 70 éramos criados acallando golpes de hombres machistas. A partir de los
80las mujeres morían por ser libres o simplemente por deseos de hombres que no
sabían valorar lo que tienen, todos hemos sido ´´victimas ´´ del machismo. Ya sea
de padres, hermanos o parejas.
¿Debemos someternos a
sus deseos de poder? ¿ Es justo que mueran mujeres por la poca autoestima de un
hombre?
Hemos luchado por mantener una familia a costa de todo, dejando confundir,
estabilidad de los hijos por sumisión de la mujer.
Mi madre fue maltratada, hoy en día mujer sumisa, No quiero
heredar su futuro
Un juego peligroso
Un juego peligroso.
Terminan las clases, ya he
recuperado una de las dos asignaturas pendientes. Solo me resta un año para
cumplir los dieciocho. Debo estar a la hora convenida para que me recojan, mi
padre termina de trabajar a las dos y me iré con él a casa. Camino por la larga
alameda orgullosa de mi trabajo en los exámenes, en el trayecto algunos chicos
me miran y yo, como buena chica, sonrió al sentirme observada por ellos.
Mi padre me espera impaciente,
llego tarde y él debe volver a trabajar. Percibo una mirada recorriéndome, al
girarme un chico me sonríe ruborizándome, es su primer día de trabajo con mi
padre. Moreno, de unos cuarenta años, alto, musculado, la piel bronceada de los
interminables días al sol, mi respiración se acelera y él lo percibe.
La noche es calurosa, el
deseo que ha despertado ese hombre en mí , ha hecho que mis dedos liberen todo
el deseo contenido durante el día, imaginar sus ojos sobre mí al acariciarme me
estremece. Soy esclava de su mirada y me dedico a complacerle.
El nuevo día empieza con una
ducha bien fría, necesito despejarme. Varias prendas que he cogido están sobre
el lavabo, no sé qué elegir, dudo un momento y una sonrisa aparece en mi cara,
el vestido negro, es corto ajustado, el escote me queda genial insinuando mis
pechos, siempre consideré que eran grandes, y el tiempo me ha dado la razón.
El examen de recuperación no
ha salido como debería, tendría que haber estudiado un poco más anoche, me he
quedado en blanco y he salido antes de la clase. Estoy de mal humor, le diré a
mi padre que me lleve a casa.
Mis pasos disminuyen al
llegar a la fachada que están arreglando, subido sobre el andamio está el chico
de ayer, mucho más atractivo, mi cuerpo tiembla, la respiración se acelera, mis
pechos luchan por salir del vestido por la excitación. ¿Seré capaz de jugar con
él?
Mi padre se ofrece a
llevarme, le respondo que falta poco para la hora, esperaré. Subo al coche, la
mirada del chico me sigue. Sé que le gusto, su pantalón de trabajo lo delata.
Abro la puerta del coche,
podría sentarme en el asiento del copiloto, decido no hacerlo, no vería mi
juego y deseo ver su reacción. Deslizo el respaldo del asiento recostándolo
despacio, lo miro al hacerlo, sus ojos cambian de color, ahora es de un fuego
intenso.
Mi vestido, al recostarme,
se desliza por mis piernas insinuando movimientos fugaces que él atrapa con la
mirada.
El jefe de obra, mi padre,
le habla y él no lo escucha, mi sonrisa sostiene toda su atención y su cuerpo.
Con un gesto, su conversación con mi padre, es fluida y me siento en un segundo
plano. La radio me acompaña, una melodía que me gusta comienza a sonar y yo la
tarareo, desde el andamio el rudo albañil se dirige a mí, - si quieres te
invito a uno de los conciertos que dará aquí cerca-. Mi padre es el primero en
responder, son amigos desde siempre y confía en él.
Decido negar su invitación,
aunque me apetecería mucho. Llega la hora y él se despide de mí con una sonrisa
penetrándome de tal forma que me humedece.
viernes, 18 de octubre de 2013
Un sueño hecho realidad
( Primera parte)
Un sueño hecho realidad
Acabo de llegar al nuevo piso, visto ahora tan vacío
después de dejarlo los antiguos inquilinos me parece mucho más grande. Es un ático
de una sola habitación, realmente no es importante, he salido tan deprisa de mi
antigua vida que no he buscado mucho.
Lo que más me gusta del ático, son las vistas, solo uno de
los edificios tiene la misma altura y el paisaje de la ciudad es una maravilla.
Paso todo el día recogiendo las cuatro cosas que creí importantes, bajo a
comprar a un supermercado cercano, más bien paseo compro los preparativos para
hacer unos sándwiches y una botella de
vino ´´El Nido´´ es algo cara y…..yo lo valgo.
Los ventanales del balcón son grandes, una pequeña terraza
con una hamaca va a ser mi refugio esta noche. Dejo que el aire entre a
raudales en el pequeño salón, mi ordenador
con mi canal de música me relajara y poder escucharla desde el baño,
ventajas de ser todo tan comprimido.
Salgo de la ducha, frente al espejo impregno mi cuerpo
con mi bodi milk ´´Roses 4 Reines´´ mi tesoro. Su aroma encoje
mis entrañas, su suavidad recorre cada centímetro de mi piel disfrutando el
masaje, he imagino no ser yo quien lo da,
el centro de mi deseo reclama atención y yo disfruto aplacando su deseo. Cepillo
mi melena, dejo caer el camisón rojo por mi cuerpo y me dirijo a la cocina,
este vino no es para tomarlo solo, lo sé, no me apetece comer nada, solo saborear una copa en la hamaca.
El otoño se nota en las calles, desde aquí dedico cinco
minutos a contemplar los movimientos ajetreados de las personas, doy un ligero
trago a la copa, respiro hondo tumbándome en la hamaca.
El nuevo día acaba de empezar, cuatro pisos de
escaleras hasta llegar a la entrada,
decido bajar por ellas. A la altura del tercer piso un aroma familiar sobrecoge
mis entrañas. Mi imaginación me está
jugando malas pasadas sin dudarlo. Tras salir del portal me dirijo a mi nuevo
trabajo, agradezco no saber nada respecto a todo lo que le concierne, hace que
mi mente está ocupada y no piense en todo lo pasado.
Las nueve de la noche, vuelvo tras mis pasos, desde la
calle y pasadas tantas horas el ático parece ahora mucho más alto, estoy muy
cansada y decido subir en ascensor. Al entrar mis ojos se cierran, aspiro el
aroma que desprende, tardó en reaccionar, ese aroma tan varonil despierta en mi
la mujer que llevo tiempo intentando acallar. Mi mente viaja al pasado, cuando
teniendo los ojos cerrados aspiraba el olor del pecho de mi amante disfrutando
la excitación que despertaba en él, al cumplir cada uno de sus deseos.
Reviso mi bolso ya en el ascensor, he dormido toda la noche
y estoy segura que algo me he dejado, se ha parado en el piso número tres, la
puerta se abre, entran tres adolescentes, les sigue un maduro atractivo, con un
perfil varonil y sonrisa pícara.
Me dejo caer en la pared del ascensor, es el, es mi galán,
y me sonríe mirando mi cuerpo. Tras unos buenos días se acerca a mí, los niños
están justo delante de nosotros mirando las tímidas que se cierran puertas y
charlando de sus cosas. Yo no escucho nada, estoy petrificada, su dedo meñique
roza mi mano cuando sale del ascensor, retengo un suspiro guardado que mi
cuerpo libera al quedarme sola.
Su despedida casi me deja temblando, ¿o ha sido su mirada?
Las puertas se vuelven a abrir levanto la mirada, está justo frente a mí, sus ojos me penetran, mi cuerpo tiembla al
notar su cercanía, se acerca sin decir nada, deposita un beso en la mejilla y
sin más vuelve a salir del ascensor.
El día transcurre más deprisa de lo que yo quisiera,
encontrarlo a provocado que la excitación que sentí por él, volviera esta mañana,
recordando sus caricias y besos, recordando todo lo que del aprendí el, cosas nuevas que hicieron mi cuerpo vibrar con tal intensidad que acabe siendo sumisa de sus deseos.
El balcón del ático lo comparo con un túnel, frente a mí
una zona verde, me apetece salir y recibir la brisa de la noche. Paseo por el
con un solo pensamiento en mi mente, sus besos, unos niños juegan en la zona
infantil, discuten por el turno y yo sonrió, decido sentarme en un banco
cercano y disfrutar del espectáculo. La agudeza de los niños me embelesa.
El roce de una caria en mi mano me estremece, él, sentado a
mi lado, observa mi reacción, sus ojos brillan con la misma intensidad que lo hacían al tenerme
sobre él.
Soy incapaz de articular palabra, es él quien mirando al
chucho que pasea, quien rompe el silencio.
- Mi deseo y mi
mayor temor se confirma, estas aquí y más cerca de lo que esperaba. ¿Cómo me
has localizado?
Mis ojos comienzan a inundarse, ¿deseo? ¿Miedo? ¿Incertidumbre?
No consigo articular palabra, el
continua hablando. …..
Enmanuelle 18 de octubre de 2013
Si quieres leer la primera parte de este relato pincha aquí: Un sueño hecho realidad (segunda parte)
Si quieres leer la primera parte de este relato pincha aquí: Un sueño hecho realidad (segunda parte)
martes, 15 de octubre de 2013
Duda
Tengo una duda que embarga todo mi ser,, y es que,,, ¿¿ si yo sentí nacer para ti cuando te vi , porque ahora siento que lo soy todo sin ti??
lunes, 14 de octubre de 2013
El concierto
CONCIERTO
Cada sensación es diferente en sus palabras, me sigue y lo sigo , es una colaboración extraordinaria. Gracias Pedro por dejar que entre en tu mundo,
Llego tarde,,,llego tarde…..- Quedé para las nueve y me he retrasado, no tengo remedio, me encuentro con cualquier amiga y se me va el santo al cielo.
Esta noche voy de concierto, un grupo de amigas hemos quedado para las nueve, faltan quince minutos y yo sin arreglar. Me ducho sin mojar mi pelo (ya lo recogeré en una cola), todo va a cámara rápida y no puedo evitar reír dejándome caer sobre la cama al verme reflejada en el espejo que cubre gran parte de la pared. Mi pelo recogido sobre mi cabeza, la toalla que he escogido para secarme apenas me cubre, me falta una zapatilla y ni me había dado cuenta. El vestido marrón es el que me pilla a mano, es algo corto y un poco transparente pero ahora no me sobra tiempo, lo que si me apetece es ir cómoda en el calzado, botas marrones, una cola alta, un poco de brillo en los labios y lista.
Me han llamado más de diez veces, no he escuchado ninguna, mis manos atraen las llaves del coche, dejo mi bolso en el mueble del recibidor, abro la puerta y dejo tras de mi las prisas y el pasado cercano dispuesta a comerme el mundo en este concierto. En la calle, justo delante del portal de mi pequeño apartamento me esperan unas amigas en el coche de Paula, un auto desvencijado adornado con unos cuantos osos de peluche en la bandeja trasera del vehículo. Saludos para todas, Paula, Marga, Chusa y yo, la más atractiva, ¿por qué no?, porque yo lo valgo. Volviendo al terreno relatador, salimos chirriando ruedas dejando un hedor a neumático quemado al son de El Barrio y la versión de Tú Frialdad de Triana. Llegamos al lugar del concierto, las inmediaciones estaban repletas de personas agolpándose en la taquilla y entre las filas de personas para entrar al recinto.
-Vamos niñas, saquemos el tequila antes de entrar-, dice Paula.
-Metamos las que podamos en los bolsos, yo me quedo la de ron-, dice Marga. Bebimos un tapón de tequila, guardamos las bebidas en sus respectivos envases de plástico para deportistas y depositamos la compostura en la respectiva cola de personas. Al fin pasamos al interior del recinto, ni una palabra sobre las bebidas cuando los seguratas nos han registrado los bolsos. Nos ponemos lo más cerca del escenario, ya hay unas cuantas lobas acechando los primeros lugares de la primera fila.
Media hora o quizá sesenta minutos después comienza el espectáculo, saltamos cuando los músicos comienzan a tocar; en uno de mis saltos miro por encima de mi hombro derecho y lo veo, un chicarrón moreno, alto, de esos que se depilan, pero muy varonil, me quedo petrificada al verlo y él, me mira sonriendo. La bebida desinhibe mi mente y me acerco al chico a bailar a su lado, su imponente cuerpo danza a mi mismo son. Sonríe todo el tiempo, yo meneo la cabeza, río, me dejo querer. Olvido a mis amigas, lo pasan en grande y mientras disfruto del baile con el morenazo imponente. Compartimos mi bebida y después de acabar una canción que me pone como un barco de vapor lo dejo un rato para estar con las chicas. Bebemos, saltamos, bailamos poseídas por las vibraciones musicales y contagiadas por la euforia colectiva.
El moreno sigue en el mismo sitio que lo dejé, me mira, me devora con sus ojos marrones muy oscuros, le sigo el juego, me hago la interesante, esta vez que venga el a mi lado. Al rato el obediente chico viene a donde estamos las locas. Bailamos, mis amigas ríen y seguimos bailando al son de la música en directo. La danza hace que poco a poco acerquemos nuestros cuerpos, siento sus manos recorrer el mío, sus dedos en mi espalda me estremecen, las miradas intensifican el baile, la danza aprecia lujuria, gusto por la pareja de baile. El acercamiento desemboca en un beso, ¡qué digo un beso!, las lenguas entran en las grutas dentadas sin pedir permiso, él me agarra tan fuerte en un abrazo que me lastima, pero lo dejo hacer, besa de maravilla y su lengua me pone a mil por hora. Me tiene en el aire, el chico es fuerte, no soy una sílfide pero tampoco una figura redonda. El beso es duradero, bien aprovechado por nosotros, nos compenetramos al dedillo para pasar a palpar y apretar el trasero, lo tiene bien puesto, él con disimulo acaricia mis pechos y ahí, con el pezón entre sus dedos no me puedo contener, le tomo una mano y la introduzco en mi vientre, en sus ojos veo la excitación al notarme húmeda, muy húmeda. Lo tuvo fácil ya que no llevaba ropa interior.
El mini vestido que me he puesto es muy manejable. Entre tanta gente no se aprecia como una de sus manos ha ido subiéndolo con destreza ante el deseo que ambos sentimos, con su potente brazo me ha pegado a su cuerpo; tener mi piel desnuda pegada a su vaquero notando su excitación me derrite. Quiero provocarlo más y subo mi pierna por la suya in crescendo. Mis pies no tocan el suelo, me muevo entre la gente en volandas, he quedado abrazada a su cuerpo por mis piernas y es él quien busca desesperadamente un rincón más íntimo para los dos. El tequila, la excitación o simplemente el deseo van guiando mis manos por su cuerpo. Su camiseta cede sin mucho trabajo. Miro a sus ojos cuando decido bajar a su cintura, su respiración entrecortada me alienta a seguir, sus pasos son cada vez más rápidos.
Mis dedos serpentean por su cintura, ágiles encuentran el camino que busco, sin pensarlo agarro con ardor lo que deseo. Sus pasos se han detenido en seco, me mira, su lengua entra en mi boca, de la misma forma quisiera que otra parte de su cuerpo entrara, estoy juguetona, muevo mis caderas sobre su excitación. Ni me he enterado donde estamos, al apoyarme en una superficie dura caigo en la cuenta de que estamos solos detrás del escenario en la pared que rodea el recinto tras los camiones.
Sin tocar el suelo con mis pies nos besábamos, “este hombre aguanta bien mi peso”. Busqué entre sus piernas con una mano, y con la otra me abracé a su cuello. Su lengua y labios recorrían mi cuello, me dejó suavemente en el suelo, introdujo una mano en mi vientre, cuando notó mi ardor sonrió. Poseso apretó mis senos, primero uno, después el otro, los tomó con fuerza, ese ímpetu varonil me transportó a donde el deseo me llevó. Sus dedos acariciando mi vulva parecían patas de pulpo, pero yo quería más, apreté su mano introduciendo varios dedos dentro de mi convulsionado ser. Al mismo tiempo, sin preámbulos saqué su virilidad totalmente erecta y mi mano la hizo mía. La moví, lo hice gemir, jadeamos juntos, deseé llevarlo hasta el cenit antes de “empalarme”. Con sus dedos enjugados de mí, los compartimos, los lavamos con nuestras salivas, lenguas y labios.
De pronto se apartó, nos miramos, se acercó para besarme y me levantó lo suficiente para entrar de una sola estocada en mi caverna del amor. Sus brazos y manos me sostuvieron pegada a la pared, mis piernas lo rodeaban con fiereza, mordió mi cuello con una pasión y salvajismo sin experimentar aún. Me embistió sin cuidado, feroz muy feroz, pero al tiempo me transportó al cenit, al éxtasis nunca percibido. Una vez, dos, tres hasta perder la cuenta de las convulsiones sentidas con el amante moreno. En estos instantes me vi como O, poseída por el Lord en el apartamento londinense, incluso maltratada como ella. Pero mi amante no era un Lord, era un dios, Dioniso me estaba clavando su hombría a un ritmo frenético, y yo, su esclava no hice otra cosa que obedecer al goce conjunto. En las idas y venidas, mi vientre se contrajo tantas veces que sentí flaquear mi cuerpo, estuve a punto de dejarme vencer..., cuando..., me depositó con tibieza en el suelo; allí de pie adiviné su petición, y adoré a mi dios arrodillada extrayendo de él la esencia requerida por el acto.
Como a un dios te amé, como un dios te adoré y como una esclava te serví, mi Dios.
Un relato perpetrado por Enmanuelle L y Pedro Molina.
Martes, quince de Octubre de dos mil trece.
Región de Murcia.
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